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11 septiembre 2016 7 11 /09 /septiembre /2016 19:52

Discurso de presentación de "La sangre sobre las azucenas" en Órgiva el 09-09-2016:

Muchas gracias, MARI, por tus palabras halagadoras. En primer lugar me gustaría daros las gracias por vuestra presencia, sobre todo a los que os habéis tenido que desplazar desde otros sitios para asistir a la presentación de “LA SANGRE SOBRE LAS AZUCENAS”, una novela a la que tengo un cariño especial. Quiero agradecer a MARI ARAGÓN su amabilidad al ofrecerse a presentar este acto y al anfitrión, ANTONIO ESTÉVEZ, que a través de la concejalía de cultura se ha prestado a organizarlo sin condiciones. También quiero agradecer a la editorial ATLANTIS por poner la novela en la calle y atender mis reiteradas consultas telefónicas sobre lugar, día y hora y otros asuntos que he tenido que resolver con ellos.

Bien, creo que la mejor forma de comenzar el acto es leyendo la introducción del libro, un párrafo breve que dice así.

“Granada, agosto de 1359

Desde su subida al trono, Muhammad V de Granada había sabido granjearse el afecto del grueso de su pueblo y la lealtad incondicional de su ejército y su séquito. La sinceridad y el don de persuasión mamados de sus mayores jugaban a su favor y le abrían puertas vedadas a otros soberanos. No conocía la enemistad fuera de las fronteras nazaríes. Con la vecina Castilla mantenía unas relaciones que lejos del habitual rencor entre cristianos y musulmanes resultaban altamente provechosas para ambos reinos. Pero contaba entre sus familiares más cercanos con un hermanastro que Maryam, segunda esposa de su padre, Yusuf I, había traído al mundo veinte años atrás, un personaje incapaz, zafio, insensible y, aunque fibroso y de buena talla, afeminado en sus movimientos. Ismail no era persona en quien poder confiar. Junto a su madre habitaba una espléndida residencia que el rey le había cedido próxima a su palacio en la Alhambra. Muhammad necesitaba controlar sus proyectos y sus movimientos y con el fin de mantenerlos alejados de la vida política y militar que se cocía en la alcazaba les proporcionó una cantidad de dinero y riquezas suficientes para vivir varias generaciones rodeados de todo el confort al que aspiraban. Así y todo, el objetivo más ambicioso de Maryam era ver a su hijo en el trono. Al morir su esposo se las ingenió para apropiarse de una buena parte del tesoro real. Intentando materializar su propósito en un breve espacio de tiempo aleccionó a una de sus hijas para que su yerno, Abú Abdallá, un sanguinario arráez de la corte, comprase a la guardia y derrocara al sultán.”

Bien, voy a continuar leyendo un poco sobre la historia de AL-ÁNDALUS. Para conocer el origen de GRANADA habría que viajar en el tiempo hasta la tribu ibérica de los TÚRDULOS, primera civilización -se</strong>gún los estudiosos- de la PENÍNSULA IBÉRICA, a la que llamaron IHVERIR. A continuación, en el siglo I a. strong>de C., los ROMANOS la llamaron ILIBERIS. En ese tiempstrong>trong>o la población ocupaba los barrios de la ALCAZABA y el ALBAYCÍN, extendiéndose hasta la colina que después albergaría la ALHAMBRA: la rong>SABIKA. Esta población compartía asentamiento con GRANATA, que era una barriada situada en la frontera de la Alcazaba de ILIBERIS, donde habitaban principalmente judíos.

La ciudad formó parte del reino Visigodo de TOLEDO hasta la entrada de los musulmanes, quienes desde el principio se propusieron convertir a AL-ÁNDALUS en el centro del mundo. Bajo su dominación, la PENÍNSULA IBÉRICA no tiene nada que envidiar a PERSIA, ROMA, ALEJANDRÍA o ATENAS.

Los musulmanes, mandados por TARIK, se introdujeron en el año 711 por TARIFA. Fue entonces cuando ILIBERIS cambió su nombre por ELVIRA, que fue destruida en 1010, y la mayor parte de sus habitantes se trasladaron al ALBAYCÍN.

Tras la época de expansión cultural vivida durante el califato de CÓRDOBA, en 1031 surge GRANADrong>A como reino de taifa, gobstrong>ernada por la dinastía beréber de los ziríes. strong>En 1090 sufre la invasión almorávide, más tarde vive el salvajismo almohade y, por último, el reino cae en manos de los reyes nazaríes.

Es a partir del siglo XIII cuando empieza a destacar por la cantidad de sabios que la habitan. En ella se reúnen poetas, artistas, médicos o científicos mundialmente reconocidos.

Fue MUHAMMAD IBN NASR –AL-AHMAR, EL ROJO, quien fundó la dinastía nazarí. Procedente de ZARAGOZA, cuando ALFONSO I conqui</strong>stó la ciudad en 1118, su familia viajó hasta ARJONA, ong>situada al noroeste de JAÉN. Se levantó contra los almohades y, a raíz de la batalla de las NAVAS DE TOLOSA -1212- el poder de éstos fue perdiendo vigor en AL-ÁNDALUS. En 1232 se rebeló contra IBN HUD -rey que había logrado apoderarse de casi todo AL-ÁNDALUS, a excepción de /strong>trong>VALENCIA, gobernada por <strong>MARDANIS- y se proclamó sultán de ARJONA. Más tarde conquista JAÉN y se autoproclama rey. Conquistó ALMERÍA y MÁLAGA en 1238 y más tarde las strong>ALPUJARRAS, llegando a gobernar GUADIX y BAZA. En juniostrong> de trong>1238 consigue el trono de GRANADA, reinando bajo el nombre de MUHAMMAD I. Las obras que hizo en la ALHAMBRA fueron, principalmente, de tipo militar.

Posteriormente, ISMAIL I -que reinó entre 1314 y 1325- transformó el GENERALIFE y construyó el BAÑO REAL.

Los dos últimos tercios del siglo XIV dieron al reino de GRANADA un esplendor comparable al de DAMASCO, BAGDAD o EL CAIRO. En ese tiempo YUSUF I embelleció enormemente la ciudad. Durante su reinado hizo grandes cambios en la ALHAMBRA: el PALACIO REAL, el MEXUAR y la T</strong>ORRE DE COMARES. Reformó el BAÑO REALrong>trong>trong>ong>, edificó la TORRE DE LA CAUTIVAstrong>, construyó la PUERTA DE LAS ARMASg> y la de la JUSTICIA o de la EXPLANADA. Su obra capital fue el TORREÓN DE COMARES y, fuera de la ALHAMBRA</strong>, ordenó levantar la MADRAZA, por lo que acudieron a la ciudad numerosos intelectuales, destacando entre ellos el polígrafo IBN AL-JATIB. Este rey acabó sus días asesinado por un loco en la MEZQUITA MAYOR DE GRANADA.

Hay que matizar que casi todos los sultanes construían solamente para su reinado, no para la posteridad. Cuando subía un rey al trono, demolía parte de los palacios y levantaba otros a su gusto. Por eso utilizaban materiales de baja calidad, si bien con ellos hacían verdaderas obras de arte.

MUHAMMAD V derribó la zona palatina, dejando solamente el BAÑO REAL y el recinto defensivo con las torres; mandó reformar el PALACIO DE COMARES; construyó el PALACIO DE LOS LEONES -excepto las esculturas de los animales del patio, que se supone que eran de alguna construcción del siglo XI-, así como la SALA DE LOS MOCÁRAg>BES, el MIRADOR DE LINDARAJA, el PALACIO DE RIYAD, la ong>SALA rong>DE LOS Rrong>EYES y la QUBBA DE LOS ABENCERRAJES, entre otras muchas cosas. Fuera del recinto de la ALHAMBRA construyó decenas de aljibes, la ALHÓNDIGA NUEVAstrong> y el MARISTÁN; fue un amante de las artes y las letras; y formó un gobierno presidido por RIDWAN, con el polígrafo IBN AL-JATIB y el poeta BEN-ZAMRACK.

Pero no todo es un camino de rosas, ya que el siglo XIV es negativo en muchos aspectos: la PENÍNSULA IBÉRICA se halla sumida en un irreversible proceso de reconquista; los reyes cristianos están empeñados en imponer su religión a toda costa; algunos reyes son aniquilados y sus reinos tomados; a otros, para subsistir, los obligan a pagar unos tributos abusivos; y, por último, la epidemia de peste acabó en 1348 con la vida de millones de personas en todo el mundo, principalmente en EUROPA.

Bien, acabada la parte histórica del acto, continuamos con la novela. He dicho hace unos minutos que siento un cariño especial por ella. Lo explico. Lo que hoy son TRESCIENTAS SESENTA Y SEIS PÁGINAS en un principio habrían sido setecientas u ochocientas, más del doble de las que quedaron al final. Dediqué un año entero de mi vida a documentarme, escribir y corregir, sin duda uno de los momentos más maravillosos y de mayor creatividad que recuerdo. Todas las novelas que he escrito tienen algo especial para mí, pero diría que esta es la que más. ¿Por qué? Ni más ni menos que por la temática. La GRANADA nazarí. Las aventuras en el desierto. El derrocamiento de un rey tan popular como lo fue MUHAMMAD V. Todo estaba rodeado de un ambiente mágico que me invitó a inmortalizarlo en el papel. Más tarde pensé que el manuscrito era demasiado largo y decidí reducir su extensión. Comprendí que lo que para mí era entretenido podía no serlo tanto para los demás. También cambié el narrador, que pasó de ser AYMAN, uno de los protagonistas, a uno omnisciente, en tercera persona. También tengo que decir que fue un reto para mí, ya que escribir una novela histórica se me antojaba un largo y áspero camino que no sabía muy bien si llegaría al final o si lo abandonaría por la mitad. Pero el reto lo superé poco a poco. Afortunadamente, la pasión que sentía por este tipo de novelas me hicieron empezar, continuar y finalizarla de un tirón. ¿El resultado? Esa es una cuestión que tenéis que evaluar vosotros cuando la leáis. Yo, personalmente, salí satisfecho de mi trabajo, pero, claro, cada uno tiene sus gustos sobre temática, estilo y género.

Como todos los humanos evolucionamos con el paso del tiempo, se podría decir que fue con este libro con el que cambié definitivamente mi estilo, que pasó a ser, después de leer incansablemente todo tipo de textos, más elaborado que el anterior.

En la presente novela se narran los hechos ocurridos en el reino nazarí entre 1359, fecha en la que ISMAIL II destrona a MUHAMMAD V, y 1362, año en el que el rey exiliado regresa victorioso a GRANADA. Como toda novela histórica, eststrong>á basada en la realidad. Son reales los asaltos a la ALHAMBRA, el viaje a GUADIX y a FEZ, la estancia de MUHAMMAD en RONDA, la rong>petición de ayuda a PEDRO I de CASTILrong>LA y la cita en CASARES, el paso por ANTEQUERA, la posterior batalla en el PUENTE del río CUBILLAStrong> y el viaje de ABÚ SAID a g>SEVILLA. Pero también tiene su parte de ficción: la que hace referencia a la vida de AYMANrong> y su familia. Por tanto es ficción todo lo relativo al viaje a LA MECA, las detenciones de ABDEL y su familia y el episodio del arquero. La distribución de los barrios y las calles se describe tal y como estaban dispuestos en la época. He usado el calendario gregoriano para situar mejor al lector y evitar confusiones, además de que también se utilizaba en la época en AL-ÁNDALUS. Las fechas más relevantes que aparecen en esta narración son las siguientes:

El 21 de agosto de 1359, que se corresponde con el 28 de Ramadán de 760 en el calendario musulmán, fue el día que ISMAIL sube al trono de GRANADA.

El 28 de junio de 1360, que sería el 8 de Shabán de 761, ABÚ SAID, el BERMEJO, destronó a Ismail y comenzó su reinado.

Por último, el 16 de marzo de 1362, 20 de Yümada al-thaany de 763, es la fecha en la que MUHAMMAD recupera el reino nazarí.

Para recopilar todos los hechos históricos del siglo XIV que aparecen en esta novela, las costumbres tanto civiles como militares, la vida cotidiana, la estructura de las viviendas familiares, así como los datos de los edificios públicos, geografía IBÉRICA, NORTEAFRICANA y de la PENÍNSULA ARÁBIGA, he realizado una intensa labor de documentación. He consultado enciclopedias y libros de historia de ESPAÑA, de EUROPA y del trong>NORTE DE ÁFRICA. Además he visitado strong>trong>y contrastado unas páginas de internet con otras para obtener datos fiables. Algunos de los libros que más me han ayudado son DESCRIPCIÓN GENERAL DEL ÁFRICA Y DE LAS COSAS PEREGRINAS QUE ALLÍ HAY, de JUAN LEÓN, EL AFRICANO, y LOS REYES DE LA ALHAMBRA, de FRANCISCO BUENO, entre otros.

Es mi intención que quien lea estas páginas quede con la sensación de haber avanzado un paso en el conocimiento de la Granada nazarí.

Sé que se ha escrito mucho sobre el tema de AL-ÁNDALUS, muy especialmente sobre la GRANADA NAZARÍ, pero creo que nunca se habrá escrito lo suficiente, teniendo en cuenta que fueron ocho siglos de nuestra historia, de nuestros antepasados, de los cuales heredamos buena parte de lo que hoy es la cultura andaluza y española. Aun así, creo que la mayor parte de la narrativa que toca la temática nazarí se desarrolla en fechas cercanas al fin de al-Ándalus, muy especialmente durante el reinado de BOABDIL o de su padre, MULEY HACÉNng>. No son muchas las novelas que tratan de la GRANADA del siglo XI o XII, por poner un ejemplo, en comparación a lo que el tema podría dar de sí. Y qué decir de otras ciudades fuera de las fronteras nazaríes. Algunas cuentan solamente con leyendas que pasan de generación en generación, pero no cuentan con nada escrito, con aventuras que novelan la historia.

En cuanto a los personajes, lógicamente algunos son redondos, es decir, que evolucionan a lo largo de la historia, que son básicamente los protagonistas, antagonistas y los personajes principales. Otros, en contraposición, son planos, que no evolucionan.

En primer lugar estaría AYMAN, que es un personaje sensible, casi se podría decir que aniñado, pero que va evolucionando a lo largo de la novela para convertirse en una persona madura a pesar de su juventud. En él confluyen el amor por la familia y por su cultura. Siente curiosidad por todo lo que le rodea.

ABDEL, su padre, es un rico comerciante, amigo del rey MUHAMMAD, que enseguida encuentra la enemistad del rey usurpador, que lo lleva a abandonar GRANADA varias veces.

BADR, también comerciante, aunque este natural de LA MECA, se perfila como prometido de la hija de ABDEL, GANIA, una hermosa joven ilusionada con contraer matrimonio con un hombre que la ame.

SALIMA es una chica de mundo, que ha sufrido la pérdida de su familia a manos de una tribu nómada del desierto. Es despierta, culta, aunque su forma de vida haga parecer lo contrario, y se desvive por sus seres queridos.

Los reyes que pasan por el trono granadino tras el derrocamiento de MUHAMMAD, son: ISMAIL, manejado <strong>por su madre, MARYAM, y ABÚ ABDALLÁ, un sangutrong>inario arráez de la corte nazarí. ABÚ SAID, EL BERMEJO, que a su vez destrona y asesina a ISMAIL, es la encarnación del mal. Es un hombre cruel que corta cuantas cabezas se le antojan.

PEDRO I, EL CRUEL, en contra de lo que su apodo indica, se muestra como un rey condescendiente que ayuda a MUHAMMAD, a pesar de sus malos modos para conseguir sustento para sus huestes, unas formas con las que el rey legítimo nazarí no está nada de acuerdo.

El resto de los personajes son secundarios y por extensión planos.

Es una novela lineal, estructurada en tres partes: la Primera titulada “ISMAIL II” donde se cuenta la forma en que se hace con la ALHAMBRA. La segunda, “ABÚ SAID, EL BERMEJO”, y la tercera trong>g>“PEDRO I, EL CRUEL”>. Está escrita en un lenguaje claro y sencillo. Las frases no son demasiado largas ni complicadas, sino, a veces, todo lo contrario. He intentado con esta forma de escribir que el tiempo transcurra con rapidez, sin detenerme demasiado en espacios cortos de tiempo ni en largas descripciones, que por otro lado resultan innecesarias.

Elegí esta portada porque considero que es la más adecuada a la historia que se cuenta. Al verla ahora físicamente me doy cuenta de que es más bonita aún que en fotografía.

No sé si será por ser granadino, pero el tema nazarí siempre ha llamado mi atención. En general me gusta la historia y la novela histórica, pero me fascina todo lo relacionado con la cultura de AL-ÁNDALUS.

Antes de dar por terminado el acto me gustaría leer una de las partes del texto que más disfruté cuando lo escribí. Está dedicado a los caravasares de las rutas comerciales del norte de ÁFRICA. Dice así:

“Después de abandonar Tremecén y optar por pasar de largo por Orán, Tenez, Gezeir, a la que en al-Ándalus llamaban Argel, Tedelles, a orillas del Mediterráneo, y Bugía, se toparon, a fuerza de agotadoras marchas, con el castillo de Gegel y el río Sufgmare, donde pasaron unas horas que casi todos dedicaron al almuerzo, al aseo y al descanso. Buscando el sur, tras varios días de viaje, fueron a dar con sus huesos a Túnez, una ciudad donde la belleza y la aparente normalidad compartían mesa con la miseria y el crimen más cruel; aprovecharon las aguas cálidas de Tobulba para dar tregua a la voracidad de unas jornadas que no agonizaban sino con la llegada de la noche, y las ciudades de Mahdia, Asfachus y El Hamma los despidieron del reino de Túnez y los introdujeron en Libia, una región desértica en su mayor parte en la que Zoara y Trípoli no se harían esperar.

Por norma general los caravasares no se separaban entre sí más de ocho leguas, distancia que una expedición comercial solía recorrer en una jornada sin muchas pretensiones, y suponían el refugio más socorrido para los viajeros que, organizados en grupos la mayor parte de las veces o por su cuenta y riesgo las menos, osaban aventurarse por sus cercanías. A tal efecto habían sido concebidos. ¿Qué habría sido de aquellas tierras áridas y solitarias y de las gentes que las pateaban sin la seguridad que aportaban aquellos grandes edificios? En ellos se suministraba el agua necesaria para beber y para las abluciones a peregrinos y mercaderes, quienes más los frecuentaban. Nadie debía prolongar su estancia más de tres días seguidos, salvo casos de enfermedad, en los que el administrador estaba autorizado, y obligado, a auspiciar al paciente hasta su curación.

Los edificios, casi siempre cuadrangulares, se levantaban en las afueras de las ciudades o en pleno desierto, y su protección se basaba en unos gruesos y elevados muros de piedra rematados por almenas que en ocasiones sobrepasaban la altura de una persona. Sobre ellos se dejaba espacio suficiente para unos pasillos desde los que combatir a las tribus o grupos sanguinarios que amenazaban la vida del viajero a base de agresiones y desmanes.

Al atardecer se echaba el cerrojo y se aconsejaba permanecer puertas adentro. Entonces la bulla que viciaba la oferta y la demanda bajo la lona de tenderetes y carros dispuestos en columnas cuyo número variaba cada día permitía la plática apacible al abrigo de un caldo caliente y una pierna de cordero. En uno de los lados de la superficie terrosa del patio interior se ubicaban las salas, comedores y dormitorios destinados al personal del servicio y, muy en especial, a los jefes de caravana y hombres distinguidos por su linaje o cargo político o religioso. El de enfrente se reservaba para la mercancía.

Los gobernadores locales tenían la obligación de habilitar tiendas o espacios para facilitar la labor de los vendedores itinerantes, y ponían a su disposición, de un modo gratuito, fuentes, mezquitas, bibliotecas, farmacias, peluqueros, médicos, zapateros, personas para llevar las cuentas y hasta un seguro para la pérdida o robo saldado por el tesoro público.

Si cada región gozaba de una forma de vida diferente y sus habitantes poseían unos rasgos raciales, culturales o lingüísticos que los distinguían del resto, los caravasares eran lugares que seguían directrices muy parecidas en cuanto a estética y distribución. Se regían por leyes no escritas, que no eran otras que la del justo comercio, la hospitalidad y el buen hacer, si bien es cierto que no en pocas ocasiones esas cualidades se alimentaban del recuerdo y la nostalgia y no quedaban más que en buenos propósitos.

Admitían a todo tipo de sujetos, mercaderes o no, dispuestos a mover género y ganar un puñado de monedas para la subsistencia de su familia; personas de oriente, occidente, musulmanes, judíos, cristianos, negros, blancos, exiliados que intentaban hacerse un hueco en otra ciudad tan lejana como distinta a la suya, o individuos que no viajaban con otra finalidad que la de visitar a un familiar o amigo.

Tanto daba encontrarse en Fez, Tremecén o La Meca, los caravasares eran sitios autorizados por sultanes y califas y bendecidos por Alá para la protección de viajeros, aventureros, peregrinos, soldados o comerciantes. El umbral de sus puertas lo atravesaban vendedores de alfombras, especias, tejidos, comida, cerámica, herramientas, animales o esclavos, y por sus rincones pululaban sin restricción campesinos, anticuarios, albañiles, usureros que aplicaban un interés rayano en la estafa y el robo a los gentiles, o muhaidines dispuestos a hacer la guerra santa bajo el nombre de Alá.

No era extraño encontrar hombres de leyes, sacerdotes cristianos de sotana y tonsura que predicaban el nombre de Cristo bajo amenaza de arder en los infiernos como única forma de alcanzar la salvación, rabinos judíos o estudiosos musulmanes, soldados al servicio del rey de turno o hasta el mismísimo soberano acompañado por su guardia.

Los más humildes de los mortales, retratados en pedigüeños y desvalidos, personas cuya principal pesadumbre no radicaba tanto en almorzar o cenar como en beber agua potable a diario, también contaban con un hueco en aquellos lugares tan llenos de vida y movimiento donde buscones, pilluelos y malhechores de diversa índole emponzoñados de licor y miseria aprovechaban cualquier descuido para templar sus estómagos con un mendrugo y hacerse con un colchón y una manta para combatir el frío nocturno.

A veces, si se sorprendía a un ladrón apropiándose de lo ajeno, a falta de un juez que se pronunciara a favor o en contra, se le cortaba la mano o se le ajusticiaba allí mismo sin más declaración que la de dos testigos, a veces uno o a veces ninguno, dependiendo de la categoría de la persona que denunciase el delito.

Era frecuente encontrar a quien, para buscarse la subsistencia entre la muchedumbre, cantaba u ofrecía su espectáculo al público, como encantadores de serpientes, prestidigitadores, contorsionistas, contadores de historias o luchadores, que animaban al indeciso a pelear y apostar. Putas, a veces muchachas adolescentes, y chicos impúberes que no tenían donde dar con sus huesos a la puesta de sol se insinuaban con descaro al transeúnte y ofrecían sus cuerpos a cambio de unas monedas o sólo de un trozo de pan que llevarse a la boca. En cambio, los hombres ricos apenas se dejaban ver. Sordidez, insectos, roedores, enfermedades y, en general, toda clase de calamidad, iniquidad y sufrimiento, hacían acto de presencia en unos edificios que representaban a un mundo abatido en los últimos tiempos por una epidemia de peste que había diezmado a una población castigada por constantes guerras y luchas intestinas.

Pero aquellos edificios no ofrecían nada nuevo ni a Badr ni a Farid, que parecían conocer todos y cada uno de sus múltiples vericuetos, ni qué decir a Salima, cuya alimentación y hospedaje tenía que agradecer en los últimos años a las migajas que recogía de quienes de alguna manera se veían ligados a aquellas pequeñas ciudades. Tampoco despertaban la atención de Fahd. Aun así la sorpresa de Ayman fue mayúscula en cuanto atravesó el portón del primer caravasar que pisó. En ellos encontró la clase de vida que le habría gustado llevar desde pequeño, en ellos conoció a la gente más extraña y dispar, hizo amigos y enemigos, presenció la muerte de personas, algunas de ellas cercanas a él, y a veces estuvo a punto de perder la vida; vivió penas y alegrías, quiso aprender y quiso olvidar, pasó momentos de tensión y también de calma, bebió, comió en abundancia y pasó hambre y, el peldaño más sustancioso que subió desde que iniciase su andadura por medio mundo, vivió la mejor etapa de su vida con la chica que habría de entregarle su juventud. En los caravasares aprendió a amarla, a besarla, a saborear con intensidad los placeres que la muchacha le proporcionaba en aquellas noches de desierto y arena. Con ella yacía cada vez que la soledad se lo permitía, y la respetaba, y la deseaba, y cada día esperaba la llegada de la oscuridad del crepúsculo para reclamar su cuerpo desnudo al abrigo de una manta.”

Bien… como acabó de decir esta es una de las partes de la novela que más me llenó y que más trabajé. Por mi parte creo que está ya todo dicho, solamente agradeceros de nuevo vuestra presencia y si alguien quiere intervenir o hacer alguna pregunta este es el momento.

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Published by deliriosdeautor
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