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11 agosto 2017 5 11 /08 /agosto /2017 17:48

El universo de Carlitos

 

Manuel Fernando Estévez Goytre

 

-¿Qué me vas a contar hoy, abuelito?

-Cuando yo tenía tus años, Carlitos, mi padre me contó que hubo una época, que ni siquiera él llegó a conocer, propia de otro mundo o de otro universo, en que unas personas eran más importantes que otras. O al menos eso creían ellas. Con el paso de los años y de los siglos el hombre creó varias categorías de seres humanos. Unos mandaban sobre otros y manejaban sus vidas y las de sus familias, así fue desde el principio de los tiempos hasta hace no demasiados años. Se aprovechaban de ellos, les hacían trabajar y trabajar y les reñían, incluso les azotaban o les castigaban duramente cuando no seguían las pautas que les habían marcado previamente. Existían lugares que llamaban prisiones donde encerraban a las personas, a algunas de por vida, o las ajusticiaban, cuando todos sabemos que nadie tiene derecho a disponer de la vida de otro ser humano. Había un tanto por ciento de ellos, a los que llamaban marginales, que por sus ideales o su comportamiento no interesaban a los que mandaban, y en consecuencia pasaban más tiempo dentro que fuera de esos sitios.

-¿Y todo eso…, para qué? ¿Por qué tanta diferencia entre unos y otros?

-Hace muchas, muchas generaciones, el hombre creó algo a lo que dio el nombre de moneda. Al principio todo iba bien, parecía que había inventado algo positivo, o al menos no demasiado perjudicial para la humanidad. Lo cambiaba por comida u otros objetos, que a su vez trocaba por más monedas. Y así sucesivamente. Pero como en la sociedad de entonces siempre había oportunistas y aprovechados, hubo quien empezó a utilizar a otras personas, las más débiles o las que carecían de conocimiento suficiente, para quedarse con un alto porcentaje de la moneda que les generaba su trabajo. Y a base de explotar, es decir, robar a los demás, amasaron grandes fortunas que les permitían llevar una vida de ensueño mientras sus subordinados, ¡qué mal suena esa palabra!, se morían literalmente de hambre.

-Qué injusta era la vida entonces, ¿verdad, abuelito?

-Muy injusta, Carlitos, muy injusta. El estatus que ha alcanzado nuestra especie en los últimos tiempos era impensable entonces. Y las guerras… Era tal la codicia del ser humano que los gobernantes obligaban a sus súbditos, bajo amenaza de condenarlos a la pena capital, a matarse con sus convecinos para ampliar sus fronteras y arrebatarles los productos que producían o, fíjate qué absurdo, convertirlos a su religión, que según ellos siempre era la verdadera. Y eso que la muerte, que nunca ha de ser considerada como tal sino como tránsito, es algo con lo que las personas deberían haber estado más familiarizadas en el universo que les tocó vivir.

-¿Y tú crees que volverán esos tiempos terribles? –preguntó Carlitos con los ojos húmedos.

-No, hijo mío, no. Por fortuna, desde que la puerta de esta dimensión se abrió para nosotros, dejamos atrás aquella otra donde el espacio y el tiempo lo regían todo. Aquel mundo era imposible para las capas más desfavorecidas de la población.

 

Alicante, mayo de 2017

 

 

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Published by deliriosdeautor
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