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Delirios de autor (el blog de Manuel Fernando Estévez Goytre)

Blog dedicado al autor Manuel Fernando Estévez Goytre y su obra

"El asesino del cumpleaños"

Publicado en 22 Octubre 2017 por deliriosdeautor

"El asesino del cumpleaños", de Manuel Fernando Estévez Goytre.-     Susana aún dormía cuando desperté. Le rocé la frente con los labios y salí al claroscuro que el sol empezaba a pintar en la cartulina del cielo. La brisa me sopló la cara con delicadeza y la cancioncilla jovial de los pájaros acarició mis oídos con una cadencia que parecía prefabricada.  Al llegar a jefatura encontré a la nueva secretaria, una chica distante que pretendía ser bella sin conseguirlo con la que apenas había cruzado unas palabras desde su toma de posesión.  -Buenos días -saludó Alicia, con la mirada fija en la pantalla del ordenador y la mano derecha dirigiendo el ratón.  -¿Tenemos algo nuevo en relación con los últimos sucesos? -pregunté, mientras pulsada el botón de la cafetera y esperaba a que el aroma y el humo impregnaran la habitación.  -Ha vuelto a hacerlo -ahora sí me miró, aunque brevemente-. Dos veces durante el fin de semana.  ¡Dos veces en un mismo fin de semana! El asunto se nos había escapado de las manos. El viernes por la tarde, después de abandonar mi despacho, dejé sobre la mesa el informe, aún inacabado, sobre los hechos ocurridos la semana anterior. Mi jefe inmediato era implacable en cuanto a la presentación de los escritos de los casos que le correspondía gestionar. En el cuerpo del oficio exponía que eran cuatro las personas asesinadas en las mismas circunstancias. Todas ellas eran mujeres jóvenes y los crímenes se habían desarrollado entre las siete y las nueve de la mañana, cuando aún no se habían levantado de la cama.  Al coger el informe y leerlo me di cuenta de que Alicia había añadido la información que había recabado en mi ausencia, durante el fin de semana, si bien no se excedía en pruebas ni detalles que cualquier funcionario habría incluido en la memoria para la debida resolución del caso. Chasqueé la lengua y oscilé la cabeza como pruebas de reproche, pero decidí plantear el asunto al inspector completándolo verbalmente.  Antes de salir repasé el texto y me di cuenta de que la secretaria se refería al autor de los crímenes como el asesino del cumpleaños. No me hizo falta preguntar para comprender el porqué de ese alias. Lo vi reflejado en su mirada esquiva. El informe, a pesar de los pesares y de los errores de omisión, podía considerarse completo, solo faltaba que estampara mi rúbrica, el sello y se lo presentara al inspector. Seis muertos en seis días, rezaba el texto. Eran muchos crímenes para una comisaría de una zona residencial como la nuestra, donde no solían cometerse delitos, mucho menos asesinatos. Y lo peor era la incertidumbre. ¿continuaría la ola de violencia misógina en el distrito? ¿Cuántas mujeres más deberían morir entre sus propias sábanas antes de la detención del criminal?  Estaba seguro de que el inspector me enviaría a pie de calle con un par de agentes en cuanto le presentara el escrito. "Interroga a cuantas personas consideres necesarias para la resolución del caso -empezó a campanear en mi cabeza su voz grave y opaca antes de poner un pie en su despacho-, pero no vuelvas sin traerme un culpable. No nos podemos permitir que un caso de esta envergadura acabe archivándose en el cajón del olvido; supondría mi cese inmediato y ni qué decir que el ascenso que me prometió el Director General para fin de año se iría al carajo.  Después de un par de cafés más, una jarra de agua y hora y media escuchando un sermón de padre y señor mío regresé a mi despacho. Alicia no estaba allí, como esperaba. Volvió a media mañana de hacer unas gestiones que supuestamente le había encargado el comisario. Bufé dos o tres veces como forma de queja por la bronca que había recibido y busqué un gesto de complicidad en su mirada antes de dirigirme a ella.  -¿Querrías llamar a mi mujer? Salí esta mañama sin poder despedirme de ella. Cuando conteste me la pasas.  -Claro -respondió-. No sé si se habrá acordado usted que hoy es su cumpleaños...  La miré. ¡Su cumpleaños! Cogí la chaqueta y salí de jefatura sin despedirme de nadie. Pero, Alicia... apenas llevaba unos días en su nuevo destino. ¿Cómo sabía ella...? Su cumpleaños...

"El asesino del cumpleaños", de Manuel Fernando Estévez Goytre.- Susana aún dormía cuando desperté. Le rocé la frente con los labios y salí al claroscuro que el sol empezaba a pintar en la cartulina del cielo. La brisa me sopló la cara con delicadeza y la cancioncilla jovial de los pájaros acarició mis oídos con una cadencia que parecía prefabricada. Al llegar a jefatura encontré a la nueva secretaria, una chica distante que pretendía ser bella sin conseguirlo con la que apenas había cruzado unas palabras desde su toma de posesión. -Buenos días -saludó Alicia, con la mirada fija en la pantalla del ordenador y la mano derecha dirigiendo el ratón. -¿Tenemos algo nuevo en relación con los últimos sucesos? -pregunté, mientras pulsada el botón de la cafetera y esperaba a que el aroma y el humo impregnaran la habitación. -Ha vuelto a hacerlo -ahora sí me miró, aunque brevemente-. Dos veces durante el fin de semana. ¡Dos veces en un mismo fin de semana! El asunto se nos había escapado de las manos. El viernes por la tarde, después de abandonar mi despacho, dejé sobre la mesa el informe, aún inacabado, sobre los hechos ocurridos la semana anterior. Mi jefe inmediato era implacable en cuanto a la presentación de los escritos de los casos que le correspondía gestionar. En el cuerpo del oficio exponía que eran cuatro las personas asesinadas en las mismas circunstancias. Todas ellas eran mujeres jóvenes y los crímenes se habían desarrollado entre las siete y las nueve de la mañana, cuando aún no se habían levantado de la cama. Al coger el informe y leerlo me di cuenta de que Alicia había añadido la información que había recabado en mi ausencia, durante el fin de semana, si bien no se excedía en pruebas ni detalles que cualquier funcionario habría incluido en la memoria para la debida resolución del caso. Chasqueé la lengua y oscilé la cabeza como pruebas de reproche, pero decidí plantear el asunto al inspector completándolo verbalmente. Antes de salir repasé el texto y me di cuenta de que la secretaria se refería al autor de los crímenes como el asesino del cumpleaños. No me hizo falta preguntar para comprender el porqué de ese alias. Lo vi reflejado en su mirada esquiva. El informe, a pesar de los pesares y de los errores de omisión, podía considerarse completo, solo faltaba que estampara mi rúbrica, el sello y se lo presentara al inspector. Seis muertos en seis días, rezaba el texto. Eran muchos crímenes para una comisaría de una zona residencial como la nuestra, donde no solían cometerse delitos, mucho menos asesinatos. Y lo peor era la incertidumbre. ¿continuaría la ola de violencia misógina en el distrito? ¿Cuántas mujeres más deberían morir entre sus propias sábanas antes de la detención del criminal? Estaba seguro de que el inspector me enviaría a pie de calle con un par de agentes en cuanto le presentara el escrito. "Interroga a cuantas personas consideres necesarias para la resolución del caso -empezó a campanear en mi cabeza su voz grave y opaca antes de poner un pie en su despacho-, pero no vuelvas sin traerme un culpable. No nos podemos permitir que un caso de esta envergadura acabe archivándose en el cajón del olvido; supondría mi cese inmediato y ni qué decir que el ascenso que me prometió el Director General para fin de año se iría al carajo. Después de un par de cafés más, una jarra de agua y hora y media escuchando un sermón de padre y señor mío regresé a mi despacho. Alicia no estaba allí, como esperaba. Volvió a media mañana de hacer unas gestiones que supuestamente le había encargado el comisario. Bufé dos o tres veces como forma de queja por la bronca que había recibido y busqué un gesto de complicidad en su mirada antes de dirigirme a ella. -¿Querrías llamar a mi mujer? Salí esta mañama sin poder despedirme de ella. Cuando conteste me la pasas. -Claro -respondió-. No sé si se habrá acordado usted que hoy es su cumpleaños... La miré. ¡Su cumpleaños! Cogí la chaqueta y salí de jefatura sin despedirme de nadie. Pero, Alicia... apenas llevaba unos días en su nuevo destino. ¿Cómo sabía ella...? Su cumpleaños...

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