EL VIEJO JOVEN
No soy el viejo que muchos creen que soy. Mi año de nacimiento es solo un número que no es ni definitivo ni definitorio. Ese viejo aún aún respira aires de cambio, ilusión y esperanza por conseguir un objetivo. Mi vida aún no está agotada. Quien quiera "matarne" ha de saber que no solo me queda mecha para rato sino que, yendo más allá, mis decisiones aún las rige el adolescente que habita en mi cuerpo. ¡Qué digo adolescente!, me atrevería a afirmar que las manda el ser que, como diría mi admirado Gabo, permanece impúber dentro de mí. Y, para mal de muchos, me temo que ese ser agotará la legislatura que me ha sido enconendada: la de mi existencia en este mundo.
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