La estancia en el hospital me dio tiempo para sacar conclusiones. Más de las que cualquier persona pudiera desear. El pensamiento y la reflexión eran lo único que me permitía liberar mi imaginación y navegar fuera de aquella habitación de olor rancio y luz prefabricada. Siempre había sido un joven alto y enjuto y, decían las viejas del barrio, muy bien parecido. Tenía proyectos de futuro y, lo que es más importante, personas con quienes compartirlos. Elvira figuraba en el primer puesto de mi lista de prioridades, el deporte en el segundo y la Universidad en el tercero. Aunque, para ser honesto conmigo mismo, y da la casualidad de que soy persona de palabra, para que mis planes respecto al primer punto llegaran a materializarse necesitaba completar al menos el primer ciclo de mis estudios: la diplomatura. Ya tendría ocasión después de dar el sí quiero, licenciarme y doctorarme. Pero obviamente el factor tiempo era fundamental, y no solamente a largo plazo, como se podría pensar. No podía obviar aquellos tres años que desembocarían, si todo se desarrollaba como esperaba, en el altar, colocando la alianza en el anular de Elvira; también tenía que pensar en el amigo Cronos a corto plazo y superar los obstáculos que se me iban presentando: exámenes, trabajos de la facultad, entrenamientos, visitas a estadios donde nunca se sabía cuál de los dos equipos resultaría vencedor, salidas y meriendas con mi chica... Poco a poco, muy poco a poco, y no sin buenas dosis de sudor y esfuerzo, conseguí superar la primera meta que me había impuesto. Elvira resultó ser la mejor esposa y la mejor madre que un hombre pudiera desear. Mi trabajo como maestro me satisfacía mucho. Fue una época realmente buena, aunque todo hay que matizarlo: tuve que sacrificar el football en pos de la licenciatura y el doctorado. Mi familia, pensé, merecía llevar una vida digna, así que aparqué los entrenamientos diarios y, como la rutina se había propuesto oxidarme el día a dia y necesitaba experimentar sensaciones diferentes, los cambié por el motorismo. La velocidad me proporcionaba grandes dosis de adrenalina un día a la semana. Y como siempre fui un deportista sobresaliente y superaba con creces mis objetivos pronto empecé a destacar y por tanto a competir. Como lo oyen, dejé la licenciatura, dejé mi trabajo y me puse a disposición de uno de los mejores mecenas del mundo de las motos. Ya no eran solo los domingos por la mañana los que dedicaba a mi nueva ocupación. Mi pasión por la competición absorbía todas y cada una de mis jornadas. Al completo. De lunes a domingo. De nueve de la mañana a nueve de la noche. No había día que no tuviera que viajar a hacer pruebas en nuevos circuitos, correr con los mejores motoristas o pasar el día conduciendo una motocicleta para familiarizarme con ella. Cierto es que mi economía nunca había gozado de tan buena salud y mi cuenta tenía varios ceros a la derecha más que un par de años atrás, pero mi mujer..., mi hija..., apenas las veía. Me había convertido en un personaje público, uno de los deportistas mejor considerados de nuestra querida España y sin embargo era un extraño en mi propia casa. Un fantasma sin familia y sin hogar. Me había convertido en aquello que siempre me había llamado la atención y sin embargo temía llegar a ser. ¿Rico? ¿Famoso? ¡Qué más daba! Aquella tarde me planteé dejarlo todo y regresar al calor que me proporciobaban el hogar y la rutina de la escuela. No más ramos de flores ni botellas de champán. No más fotografías con chicas estupendas. No más aplausos, ovaciones ni portadas en revistas de actualidad. Tenía varias propiedades, una cuenta saludable y una familia que me esperaba a la salida del trabajo. Sin embargo, no sé qué pasó aquella mañana minutos después de que sonara el disparo de salida. No logro recordarlo, pero es obvio que supuso un antes y un después en mi vida. Y ahora..., aunque todos los días me hago el firme propósito de superar las sesiones y el fisioterapeuta no deja de animarme, no consigo abandonar la habitación y regresar al calor de mi hogar.
/image%2F1565037%2F20180328%2Fob_ec3326_20180326-193037.jpg)
