El tema de Cataluña apesta. Y apesta tanto que no pienso meter las narices en él. Esta es la primera vez que me pronuncio al respecto y con toda seguridad la última. La irresponsabilidad y la intolerancia son la nota dominante en un asunto que ha llegado demasiado lejos precisamente por eso: por la irresponsabilidad de unos y la intolerancia de otros. O viceversa. ¡Qué más da! El caso es que los ciudadanos de a pie somos marionetas en manos de un puñado de fanáticos que no piensan en otra cosa que en sus propios intereses. Nos roban a manos llenas. Los unos y los otros. Catalanes y españoles. Y nos hacen mirar para otro lado. Una parte intenta apropiarse del término "democracia", convertirlo en algo suyo, como si tuviera derecho... la otra tres cuartos de lo mismo, cuando todos sabemos que la democracia de Rajoy, como la de Puigdemont, es tan discutible como que dos y dos son cinco. Pensamos -y esto es muy triste- como quieren que pensemos. Discutimos de lo que quieren que discutamos. Nos agredimos verbal y, lo que es peor, físicamente. Somos gallos de pelea, perros que drogan y azuzan para matarse en un palenque donde la sangre que se derrama no es otra que la del pueblo. La nuestra. Y ellos se irán de rositas... Así de fácil y asi de triste -como acabo de decir- al mismo tiempo. ¿Ya hemos olvidado el Estado Islámico, el régimen de Maduro o los atentados de Barcelona? Qué sencillo lo tienen... y qué ilusos somos. La prensa, los telediarios, las redes sociales están contaminados de la misma noticia: la independencia catalana. Todo es Cataluña, Cataluña, un poco de México y más Cataluña. Pienso que, empujados por los políticos y los medios de comunicación, tenemos el cerebro absorbido por un tema que, a mi humilde entender, se ha sobredimensionado. Siempre he dicho que se le ha dado más importancia de la que debería tener. Y al final se les ha ido de las manos a unos y a otros, se ha abierto una grieta aún mayor de la que se produciría de aprobarse la republica catalana. Amigos, esta no es mi guerra, y aunque tengo mis propios razonamientos al respecto, sigo diciendo lo que he escrito unas líneas atrás: no pienso meter las narices en un campo sembrado de mierda, para bien de unos (los de siempre) y mal de otros.
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