Qué paradoja. La sombra que me cede el protagonismo y se sitúa voluntariamente detrás de mi cuerpo cuando el viento sopla a mi favor, cuando la luz está frente a mí, es la misma que me antecede, que saca pecho para protegerme cuando solo me llega un débil destello de luz por la espalda. Alguien le enseñó a estar a la altura de las circunstancias. Que orgulloso me siento de ella.
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