"Novela de ajedrez", de Stefan Zweig.- Una reseña de Manuel Fernando Estévez Goytre.- Sinopsis de la edición de Acantilado: Sin capacidad para cualquier otra actividad intelectual, Mirko Czentovicz se reveló, ya desde niño, como un genio del ajedrez, del que ha llegado a ser campeón del mundo. Pero, en un viaje en barco de Nueva York a Buenos Aires, se le presenta un enigmático contrincante: el señor B., noble vienés que huye de los nazis. Uno de los pasajeros del vapor se acerca a los dos personajes acompañando al lector a la confrontación entre los dos jugadores. Si "Novela de ajedrez" nos presenta el choque de dos naturalezas antagónicas, nos muestra también, y en buena medida, la capacidad de resistencia del ser humano sometido a una presión extraordinaria. Y todo ello con unas grandes dosis de intriga y maestría. Stefan Zweig, el hombre: Stefan Zweig (Viena, 1881 - Petrópolis, 1942). Perteneciente a una familia judía, después de estudiar filosofía en la Universidad de Viena se erige como opositor, a través de sus obras, contra la Segunda Guerra Mundial. Autor de un elevado número de novelas, relatos, ensayos y biografías, entre sus obras cabe destacar "Jeremías", "Las primeras coronas", "Biografía de María Antonieta", "Los prodigios de la vida", "Veinticuatro horas en la vida de una mujer", "Novela de ajedrez" o "Momentos estelares de la humanidad". Después de situarse entre los autores más vendidos de los años 20 y 30 de suicida en Petropolis (Brasil) en 1942. La obra: Nos encontramos ante la exquisitez de la prosa, pues "Novela de ajedrez" tiene mucho de poesía, una narrativa brillante como pocas novelas del siglo XX. El autor no estructura la obra, ni siquiera en capítulos o subcapítulos, el texto va todo de corrido. Sin embargo, consta de dos partes claramente diferenciadas entre sí. La primera se desarrolla a bordo de un transatlántico que surca las aguas del océano desde Nueva York hasta Buenos Aires. El narrador, cuyo nombre no se desvela en toda la obra, embarca en la ciudad de los rascacielos acompañado de un amigo, en un buque en el que, por azares de la vida, viaja Mirko Czentovic, campeón del mundo de ajedrez, un tipo hosco, distante y soberbio que no se relaciona con nadie y, por supuesto, no acepta jugar si no es previo pago de doscientos dolares la partida. El narrador hace todo lo posible por acercarse a él, pero, conocedor de su carácter, no se atreve a dar el paso decisivo, de manera que se vale de una ingeniosa artimaña para atraer la atención de alguien capaz de desafiar al campeón del mundo. Y lo consigue... En esta primera parte también se cuenta la niñez de Mirko en un pequeño pueblo austriaco y la manera en que llega a ser campeón de ajedrez. Habría que matizar que los escenarios son muy escasos, apenas un par de ellos. Entre los personajes, la mayor parte de poca importancia, cabría destacar: Mirko Czentovic, sobre el cual gira toda la trama; el cura del pueblo, que recoge al campeón tras la muerte de sus padres; el conde Simczic, que costea su estancia en Viena para lanzarlo a la fama; el Brigada, que comparte tablero cada tarde con el cura; Koller, agente artístico que se hace cargo del muchacho para llevarlo a la capital; McConnor, un tipo que juega con el narrador y posteriormente con Czentoviz, y el señor B, quien se atreve a desafiar a Mirko en unas partidas que llegado el momento dinamizan y dan vida y colorido a la novela. La segunda parte se desarrolla en la habitación de un hotel en la que el señor B. es encerrado por la Gestapo y donde, al carecer de cualquier elemento básico para su entretenimiento, se las ingenia para hacerse con un manual de ajedrez como único recurso para agarrarse a la cordura. Pero en esa habitación se obsesiona por el juego, llegando finalmente al punto de enloquecer. Pero si los escenarios de la primera parte son escasos, en la segunda se reducen a la habitación del señor B., el lugar donde lo interrogan, y una segunda en el hospital. Los personajes son mucho más limitados que en la parte anterior. Si bien es cierto que lo bueno, si breve, dos veces bueno, pienso que "Novela de ajedrez" podría haber dado más de sí en cuanto a extensión se refiere. Sin embargo, también es cierto que se trata de una delicia donde las haya y la novela, tal y como la presenta el autor, merece ser colocada en la estantería de las obras maestras. Hay que decir que la historia es una crítica feroz al nazismo y, en cierta medida (quizá por la proximidad en el tiempo que media entre ambas lecturas por mi parte), me recuerda a "1984", de George Ornwell, que, aunque con visión futurista, también critica los regímenes totalitarios, en especial el nacismo y el stalinismo. Si tuviese que quedarme con un párrafo de la novela lo haría con uno de la segunda parte, en el que el señor B. escribe y roba un libro; o con otro en el que ve a una mujer por primera vez en un año. He aquí una parte de uno de ellos: "... Había descubierto que uno de los bolsillos laterales de uno de los capotes tenía una protuberancia, como si tuviera dentro algún objeto. Me acerqué más y me pareció reconocer por su forma cuadrada lo que contenía aquella protuberancia: ¡un libro! Mis piernas empezaron a flaquear. ¡UN LIBRO!..."
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