“EL CIEGO DE DELOS,”
DE JORGE FERNÁNDEZ BUSTOS
Una reseña de Manuel Fernando Estévez Goytre
Sobre el autor:
Hablar de Jorge Fernández Bustos implica hablar de creatividad en su máxima expresión, de documentación, de constancia y disciplina en el trabajo y, por qué no decirlo, de la explotación de un estilo al que ha sabido imprimir un sello personalísimo y original. El granadino, diplomado en Biblioteconomía y Documentación, tiene a sus espaldas un curriculum literario no ya extenso, que también, sino salpicado de unas cuantas obras maestras de las de quitarse el sombrero y caer rendido a sus pies. Es cofundador de ediciones Vértigo (colección especializada en la publicación de cuadernos mínimos de cualquier disciplina), de las revistas Letra Clara (de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada) y el Erizo Abierto (especializada en literatura erótica). Ha publicado, entre otros, los cuentos “La batalla de Hastrings” (premio Federico García Lorca 1999, de la Universidad de Granada y la Fundación García Lorca); “El coleccionista de besos perdidos”, en la antología “Granada en cuento”, editado en 2002 por Dauro y el periódico Ideal; y la selección de relatos “En un pozo chico” (2013), en la colección Piedemonte de la editorial digital Transbooks. La Fundación Al-Ándalus saca a la luz en 2001 su ensayo “Herencia de la cocina andalusí”. En abril de 2013 se hace, con su relato “La soledad”, con el primer premio del concurso de microrrelatos de la Enoteca di vino, sobre el vino y Granada. Participa con su cuento “Cuestión de mala sombra” en la antología “Cuentos engranados”, prologada por Antonio Enrique y dirigida por Carolina Molina y Jesús Cano. Cambiando de tercio, en 2014 publica su primera novela, “Septimio de Iliberis”, una obra ambientada en la España visigoda, y en estos días ve la luz la segunda, “El ciego de Delos”, ubicada en la Grecia clásica, dos épocas poco o nada frecuentes en la narrativa de nuestros días. En la actualidad es crítico de flamenco en diferentes medios y dirige su propio blog, “Volando vengo”, especializado en el mundo del flamenco.
Sobre la obra:
Jorge Fernández Bustos trata el mundo de la mitología de tú a tú. En este caso la griega. Cuando comencé a leer la novela con intención de escribir una posterior reseña comprobé que su análisis requería preparación en ciertos temas, pero afortunadamente en cuanto entré en harina me di cuenta de que me encontraba (por segunda vez) ante una obra mayor y decidí sobre todo relajarme y disfrutar de la lectura, lo que no me libró de hacer una serie de consultas sobre el universo que rodea la historia que nos ocupa.
Creo necesario dejar claro desde estas primeras líneas que “El ciego de Delos” no es una novela a la usanza. Quien la lea buscando una obra como las demás se equivoca. Uno lee libros, mejores o peores, de uno u otro autor más o menos reconocido, hasta que se da de bruces con una obra maestra. “El ciego de Delos” es una de ellas. Es, como la anterior, una novela preciosista con una originalidad fuera de lo común. No hay más que ojear sus páginas para darse cuenta de que Jorge nada en aguas a las que no todo el mundo puede acceder, y no me refiero ni más ni menos que a su estilo, que abriré con bisturí y analizaré a lo largo de la reseña. Ya en la Introito empieza a nombrar a Zeus, además de otros personajes de la mitología griega, personajes que sobrevuelan por todas y cada una de las páginas de la novela. Va haciendo referencia a ellos con una exquisitez que asombra. Durante la lectura uno se da cuenta que no se entendería la Grecia clásica sin la mitología de igual manera que no se entendería la mitología en general sin la Grecia clásica. Podríamos deducir, por tanto, que la mitología es culturalmente hablando el pilar básico de la civilización griega. El autor tiene un conocimiento de la materia desbordante, que dejaría fuera de órbita a muchos de los más versados en estas lides, lo que me lleva a pensar que ha tenido que leer mucho y hacer un sinfín de consultas sobre la época en cuestión. Hace un recorrido por la geografía, la historia, la mitología, la filosofía y en general por el saber clásico que demuestra la excelencia de su documentación, se puede comprobar desde las primeras líneas el nivel cultural y el conocimiento que maneja sobre el tema. Ha creado una obra riquísima en detalles de todo tipo, en la que va dosificando la información a medida que la trama lo demanda. Se puede llegar a creer que se está leyendo a los clásicos de verdad, se palpa, y lo digo con conocimiento de causa, que Jorge se siente cómodo con la escritura y sobre todo con el tema que ha escogido.
La obra está estructurada de la siguiente manera: consta de una introito, 14 cantos, 1 canto final, un post scriptum y un índice onomástico. Cada capítulo o canto tiene su título y varias citas, normalmente cuatro o cinco, de autores no necesariamente de la época en la que se ubica la trama. Entre ellos se podría citar a Italo Calvino, Hipócrates, Séneca, Álvaro Cunqueiro, San Juan de la Cruz, Camilo José Cela Conde, Heráclito de Éfeso, Nietzsche, Homero, Günter Grass, Flaubert, Juan Carlos Friebe, Platón, Kafka o Leonardo da vinci, entre otros muchos. Como en su anterior obra, “Septimio de iliberis”, hace constantes referencias a autores posteriores a la época en la que sitúa la novela, es decir, hace frecuentes alusiones a personajes reales tanto actuales como de cualquier siglo posterior a la Grecia clásica. Casi todos los capítulos o cantos están dedicados a uno de los personajes de la novela, donde destripa sus vidas, partiendo a veces desde su infancia, lo que hace que la obra rompa con la linealidad que se puede intuir al principio y garantice una riqueza añadida a la trama principal. Poco a poco van apareciendo personajes, todos ellos pintorescos, muy originales y magníficamente construidos.
Utiliza un vocabulario muy cuidado y estudiado, muy al hilo de la época y de este tipo de novela; unos adjetivos, por supuesto a demanda del texto, muy bien escogidos y unas expresiones nada al uso, sino adaptadas en la medida de lo posible, digamos, a aquellos años. Hay que decir que maneja expresiones muy suyas, muy de Jorge Fernández Bustos, como “de cuando en veces”, dándole la vuelta a la tortilla, cuando cualquiera diría “de vez en cuando”; o “años sobre años”, entre otras muchas. Le gusta jugar con las palabras, prueba de ello es una breve frase que dice así: “es indignante, se indignó el cantor indignado”. Hay curiosidades por todos los rincones del texto, como lo demuestra cuando habla de poner una moneda en los labios de uno de los personajes para costearse el viaje hacia la muerte. Maneja a lo largo de toda la historia un humor que lo define como persona, pero sobre todo como escritor. Trata con exquisitez a sus personajes, los cuida, les da el mimo que cada uno necesita, aunque a veces también los provoca y los critica, y tiene un humor muy necesario en una obra de estas características. Las descripciones son muy detalladas, aunque ni mucho menos largas o aburridas, sino todo lo contrario: resultan justas, agradables y ágiles en su lectura.
En cuanto al ritmo, creo que maneja el justo y apropiado a los conflictos que plantea en la trama. Las frases están muy bien construidas y puntuadas, siempre preñadas de una exclusiva riqueza de matices en todos los sentidos. En este sentido Jorge se permite escribir nada menos que tres páginas sin signo alguno de puntuación, lo que se acercaría mucho a lo que se conoce como Scripto continua, una forma de escribir donde no existen espacios entre palabras, signo alguno de puntuación ni diferencia entre mayúsculas y minúsculas, y que se usaba sobre todo en la época clásica. Se permite, incluso, dándole un sabor y una originalidad especiales a la historia, hacer un interludio dramático, un diálogo entre dioses, en concreto entre Afrodita, Zeus, Hefestos, el coro de las Ninfas y Corifeo, lo que hace pensar que disfruta tanto de la tragedia como de la ópera. Tampoco el autor puede ocultar su condición de poeta. Son varias las ocasiones en las que nos sorprende con algunos versos.
En cuanto a los personajes hay de todo en la viña del Señor. Algunos aparecen por alusiones, es decir, no son personajes principales propiamente dichos, sino pertenecientes a la mitología o a la historia o, como dice Jorge en el índice onomástico, existieron en la realidad de un mito. Entre los reales podríamos citar a: Archermos de Quíos, escultor de la época; Folon, sabio centauro, amigo de Heracles; Jenófanes de Colofón, filósofo y poeta; Homero, a quien generalmente se le atribuye la autoría de “La Ilíada”, “La Odisea”, “La Batracomiomaquia” (“La guerra de las ranas y los ratones”), “El corpus de los himnos homéricos”, alguna obra perdida o fragmentada como “Margites” y, aunque no todos los autores lo confirman, el “Ciclo épico” completo, que incluye poemas sobre la guerra de Troya, epopeyas que narran la vida de Edipo y guerras entre argivos y tebanos; Pisístrato, quien implantó una tiranía en Atenas y fue un batallador que se distinguió en la guerra contra Megara; Milón de Crotona, atleta griego que destacó en la lucha y en los Juegos Olímpicos, donde resultó vencedor seis veces consecutivas en los Píticos, en los Ístmicos y en los Nemeos. Entre los personajes ficticios, propios de esta historia, podríamos citar a: Pettalacos, el ciego protagonista; Anacreonte, un enano barbudo de Tracia; Escamandrónimo, narrador de la historia, también conocido como Escamón; Denmyti; Anteia, madre de Escamandrónimo; Eliacim, hijo del ciego Pettalacos; Mirtokleia, madre de Glicera; Hipotenusa, una amazona de belleza nórdica; Elim; vendedora de ámbar; Baquílides, el gordo muy gordo de la isla de Cos; Hortensia, una doncella de muy buen ver; Teodotos: apicultor; u otros como Pamfilo, Delfino, Narciso, el auriga de Delfos, Manes, Laertetes, Lyra, Blapsidemo, Cleóbulo o los animales Hinchacarrillos, la cabra Camomila o el perro Tabuco.
Solo me resta decir que la que nos ocupa, “El ciego de Delos”, es una obra para disfrutar una y otra vez y conservar en la estantería de los imprescindibles como una de las mejores referencias de la narrativa de nuestros días.
Alicante, mayo de 2018
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