Noches en The old don Carlos (ciudad Quesada, Rojales, Alicante).- Ana, Mari Carmen y Mariluz. ¿O quizá debería decir Mariluz, Mari Carmen y Ana? Qué más da. Las tres se entregan en cuerpo y alma. Las tres derrochan actitud. Las tres tienen tablas suficientes como para conocer el suelo que pisan y el círculo que lo rodea. La noche se llena de duende y de magia cuando los astros se alinean, se dan la mano y coinciden juntas en el escenario. No hace falta más. Cuando bailan en solitario emocionan. Cuando lo hacen juntas el tablao se convierte en un terremoto, un imparable alúd de recuerdos, un volcán de sensaciones que no dejan de arrancar al público -cuyo número la pasada noche no era nada despreciable, todo hay que decirlo- una marea de vítores y aplausos. Transmiten emociones presumiblemente dormidas desde la pasada temporada. La seguridad y la veteranía de Mariluz Menarguez Rabasco, la actitud y la fuerza expresiva de Ana Laura Olaguível Oblitas y la precisión y la entrega de Mari Carmen Alberca hacen de los viernes de julio y agosto un oasis que evoca las calles de Jerez, Triana o las cuevas del Sacromonte granadino (sin olvidar, por supuesto, otros templos del cante, como pueden ser Utrera, San Fernando, Lebrija o Antequera) tal cual estaban hace media centuria. Buen flamenco. Buena temperatura. Muy buena coreografía. ¿Se puede pedir más mientras se cena en buena compañía bajo la protección de un ejército de estrellas y una luna inmensa que lo capitanea? Por esos buenos momentos, sin otra recompensa por vuestra parte que el cariño y el reconocimiento del público, os quiero, flores de loto.
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