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Delirios de autor (el blog de Manuel Fernando Estévez Goytre)

Blog dedicado al autor Manuel Fernando Estévez Goytre y su obra

La Granada zirí

Publicado en 29 Noviembre 2018 por deliriosdeautor Manuel Fernando Estévez Goytre

La Granada zirí
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Granada antigua y el reino nazarí.-

IX.- La Granada zirí.-

(Por Manuel Fernando Estévez Goytre)

 

 

La fitna (guerra civil) coge por sorpresa a la población cordobesa y poco a poco arrastra al califato a su ocaso de un modo irreversible. Sumido, como se puede desprender de esta afirmación, en una grave crisis interna, Al-Andalus comienza un proceso de fragmentación en pequeños estados donde se desata una anarquía que conduce a la formación de los reinos de taifas. Pero debido precisamente a su elevado número y a sus reducidas extensiones ninguno de ellos es capaz de formar un ejército con fuerza suficiente para hacer frente al acoso de Castilla.

 

Son tiempos convulsos en los que la situación en las nuevas taifas, con reyes jóvenes e inexpertos en la mayor parte de las ocasiones, da lugar a continuas revueltas, lo que desemboca en la aparición en escena de Zawi ben Ziri (1013-1019), un jefe bereber de la dinastía zirí cuya anterior etapa como general de Almanzor avala su gran experiencia militar.

 

Nos encontramos en 1002, año de la muerte de Almanzor en Medinaceli. El enfrentamiento, como ha ocurrido otras veces tras el fallecimiento de reyes o caudillos, parece inevitable. Zawi, tras arrasar Medina Azahara y tomar Córdoba, funda el reino de Granada. Una de sus principales gestiones es trasladar la capital de Medina Elvira a Medinat Garnata. Pero años más tarde, en 1019, llega la noticia de la muerte del rey de la región norteafricana de ifriquiya, de donde el sultán es oriundo. Se da la circunstancia de que el heredero es menor de edad. En esta tesitura, el rey zirí deja Granada con la intención de hacerse con su gobierno. Sin embargo, la decisión resulta errónea, ya que le supone la pérdida del trono granadino a manos de su sobrino Habus ben Maksan y poco después la muerte por envenenamiento en Argel a manos de su rey, el también zirí Mahdia.

 

Habus consigue extender sus redes por las ciudades de Priego, Cabra, Baena, Jaén, Martos, Alcalá la Real y Baza. Firma una alianza con Almería y nombra a Samuel Ibn Negrella como encargado de las finanzas, consejero privado y visir.

 

Tras el fallecimiento de Habus (1019-1138), Negrella presta todo su apoyo a Badis (1038-1073), primogénito del anterior, cuyo reinado no está exento de controversias. Su peor página tal vez esté relacionada con la política interior. Los jeques bereberes, los sinhayíes, buscando una recompensa a las tropas prestadas a Al-Andalus, lo presionan durante años. Los judíos, por su parte, capitaneados por Negrella, lo someten a un estricto control, haciendo que las alianzas granadinas con los reinos más cercanos quiebren sin remedio. Badis, no obstante, recupera Málaga y Guadix, si bien tiene que ceder y entregar Baza a Toledo.

 

Abd Allah (1075-1090) es el siguiente y último soberano de la dinastía zirí. Amedrentado por las continuas presiones de Sevilla y Almería, acaba perdiendo Jaén a manos del sevillano Mu’tamid, aliado por esos días de Alfonso VI. Por su parte, los almerienses penetran hasta la sierra de Gor, lo que por si fuera poco deriva en la firma de unos pactos que le obligan a hacerse tributario de Sevilla y Almería.

 

Pero los alfaquíes y los ulemas deciden dejar de pagar tributos a los cristianos y se posicionan en contra de la dejadez religiosa. Así, gobernantes y reyezuelos de diferentes taifas piden la entrada en escena de los almorávides, bajo el mando de Yusuf b. Tasufin. Este personaje, lejos de salir gratis a los pequeños reinos, aprovecha la situación para ir tomándolos uno a uno.

 

La mayor parte de los autores coincide en que la dinastía zirí tiene un interés extraordinario para los estados de la época. Es Negrella, destacado político, filósofo, matemático y poeta quien controla durante unos años, como visir, los poderes del reino. Ya en tiempo de Habus b. Maksan la cultura tiene un arranque muy fuerte y veloz. En cuanto a la sociedad, la época zirí da cuenta de los grupos más variados: comerciantes, artesanos, populacho, ejército bereber, esclavos del Magrib o del sur del desierto sahariano comprados como eunucos o sirvientes.

 

En el siglo XI el territorio cambia de estructura y se organiza en circunscripciones militares bajo el mando de un gobernador (qa’id). En cuanto a la administración económica y fiscal, hay que matizar que son los judíos quienes la controlan.

 

Tras el cambio de la capital a Medinat Garnata, el centro urbano palatino se sigue ubicando en la parte alta del Albayzín, un recinto que se encuentra amurallado y bien vigilado, como lo demuestra la muralla cuyos restos aún se pueden observar en el tramo que se extiende desde la Puerta de Elvira hasta el arco de las Pesas. En la colina de la Sabika también existen excavaciones de cierta importancia. Es durante el reinado de esta dinastía cuando se introducen las primeras canalizaciones de agua, sirva de ejemplo la acequia de Alfacar, los aljibes, los huertos y palacios, las mezquitas y los baños. Sin embargo, el Bañuelo es uno de los pocos legados de esta época que quedan en pie.

 

Durante la dominación zirí se ocupa el centro del Albayzín (Alcazaba Cadima). Más tarde, ya en época bereber, apenas se modifica la estructura de la ciudad. Se tiene constancia, en cambio, de que por motivos de seguridad asociados a los nuevos tiempos se amplía el recinto amurallado; se abre el arco de las Pesas, lugar por el cual se accede a la medina, se pesan las mercancías y se cobran los impuestos; se abren igualmente la puerta de Albunaida (Monaita), el castillo de Torres Bermejas y el Alcázar Genil. Sin embargo, no es hasta la época nazarí cuando se impulsa en buena medida el crecimiento de la ciudad, se amurallan los arrabales del Albayzín, se construye la mezquita Real y, aprovechando la fortaleza zirí, se da prioridad a la ciudad palatina de la Alhambra para realizar más construcciones en su recinto. La ciudad queda organizada en seis distritos, todos ellos amurallados y comunicados entre sí por puertas que se cierran al caer la noche.

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