Granada antigua y el Reino nazarí.-
(Por Manuel Fernando Estévez Goytre).-
VII.- Breve historia de Al-Andalus hasta el establecimiento de la
dinastía nazarí en Granada
El fallecimiento de Abd al-Rahman se produce en septiembre de 788, cuando roza los sesenta años de edad, después de haber hecho realidad el sueño de estructurar la política de Al-Andalus, organizar sus ejércitos y ampliar la protección de sus fronteras, un ambicioso proyecto al que entrega toda su energía y le obliga a hacer frente a toda clase de enemigos. Lo sucede su hijo Hisham I, al que a su vez sucede al-Hakam I, bajo cuyo reinado se impone el malikismo (doctrina creada por Malik ben Anas sujeta al derecho religioso). A partir de entonces aparece en Córdoba una aristocracia islámica e intelectual formada por los alfaquíes (juristas-teólogos malikíes).
La de al-Hakam I es una época confusa y de continuas batallas e insurrecciones en la que las líneas fronterizas no dejan de cambiar. A su término llega el turno de Abd al-Raham II. Durante su reinado tiene lugar la famosa batalla de Tablada (844) con los normandos, quienes después de un duro enfrentamiento se ven obligados a batirse en retirada en los barcos que previamente habían atracado en Sevilla. Habría que matizar que Al-Andalus cobra con este soberano cierta importancia como estado independiente. Además de establecer relaciones con Bizancio se dedica a acuñar moneda, controlar a sus caudillos y gobernadores, construir nuevos barcos y desarrollar una industria textil que se introduce paulatinamente en los estados europeos. En este periodo se construye la muralla de Sevilla, se reforma el Alcázar de Córdoba y se amplía la Mezquita Mayor.
El siguiente en la lista de reyes cordobeses es Muhammad I, quien consigue mantener unas buenas relaciones con los países norteafricanos y con Carlos el Calvo. Este sultán pone todo su esfuerzo en embellecer la ciudad y modernizar la marina y el ejército.
Durante el reinado de al-Mundhir, que dura apenas un par de años, la rebelión es continua y la violencia campa a sus anchas por los campos cordobeses.
Abd Allah es el siguiente emir que gobierna Al-Andalus. Con él se fracciona el poder y se forma un estado prácticamente independiente.
Abd –al-Rahman III nace apenas un mes antes del asesinato de su padre, razón por la cual se convierte en un hombre desconfiado. En cuanto sube al poder se rodea de un séquito muy bien elegido. Bajo su reinado prosperan tanto musulmanes como cristianos y judíos. Sevilla, independiente de Córdoba, vuelve a estar bajo dominio de Abd Allah, que se proclama califa y príncipe de los creyentes en 929. Tras hacerse con el poder religioso y político, fija la residencia real en el Alcázar y ordena la construcción de la ciudad-palacio de Madinat al-Zahra. Ya en estos años la prosperidad de la Córdoba califal supera en mucho al resto de las ciudades europeas, tanto cristianas como musulmanas. Es la cuna de la cultura, el saber, la ciencia y la religión. Con alrededor de cien mil habitantes, es, con toda probabilidad, la ciudad más poblada del mundo occidental.
Más tarde llega el turno de al-Hakam II (929-976), que pasa el testigo a Hisham II (976-1009 y 1010-1013). Durante su reinado, allá por las postrimerías del siglo X, Almanzor, canciller y hayib del califato de Córdoba, recluta un fuerte ejército bereber y siembra el terror entre los cristianos del norte. Tras la muerte de Almanzor en Medinaceli comienza la fragmentación del poder, sucediéndose nueve califas en treinta años, hasta que en 1031 aparece poco a poco un mosaico de reinos de taifas que buscan la independencia del poder central cordobés.
Muhammad II reina en Córdoba entre 1009 y 1010 y Sulayman al-Musta'in de 1013 a 1016. En esos años aparece una veintena de Reinos de Taifas, aunque en Córdoba se suceden aún algunos califas más, como Ali b Hammud al-Nasir (1016-1018); Abd al-Rahman IV al-Murtada (1018); al-Qasim b Hammud al-Ma'mun (1018-1021 y un segundo reinado en 1023); Yahyà b 'Alí b Hammud al-Mu'tali (1021-1023 y 1025-1027); Abd al-Rahman V al-Mustazhir Bi-Llah (1023-1024); Muhammad III al-Mustakfi (1024-1025); o Hisam III al-Mu'tadd (1027-1031).
Pero poco a poco los reinos de taifas se van haciendo dependientes de los cristianos, a los que se ven obligados a entregar unos tributos llamados parias. Las taifas más importantes son las de Albarracín (bajo la dinastía Banu Razin), Algeciras (Banu Hammud), Almería, Alpuente (Banu Qasim), Badajoz (Banu al-Aftas), Baleares y Denia, Córdoba (Banu Chahwar), Granada (Banu Ziri), Málaga (Banu Hammud), Morón (Banu Dammar), Murcia, Niebla (Banu Yahya), Ronda (Ifran), Sevilla (Banu Abbad), Silves (Banu Muzaym), Toledo, Tortosa, Valencia, Zaragoza (Banu Tuchib hasta 1039 y posteriormente Banu Hud).
Mientras tanto, la reconquista avanza imparable y en 1085 se toma la ciudad de Toledo.
Pocos años después los almorávides, una agrupación de tribus bereberes del norte de África, consigue crear un imperio bajo el mandato del sultán de Marruecos e invade Al-Andalus en varias oleadas: 1086, 1088 y 1090. Su prioridad es derrocar a los reinos de taifas y hacerse con sus dominios. No obstante, existen épocas en las que los musulmanes se reorganizan y plantan cara a las huestes cristianas y, aunque parezca contradictorio, al perder Toledo buscan apoyo militar en los almorávides. Es este pueblo el que consigue detener temporalmente la reconquista cristiana, cosechando triunfos tan importantes como los de las batallas de Sagrajas en 1086 y Uclés en 1108. Hacia 1111 los almorávides consiguen hacer de Al-Andalus un reino unificado. Sin embargo, su reinado no se extiende más allá de mitad del siglo XII, cuando sobreviene una nueva crisis política y militar que da lugar a los segundos reinos de Taifas.
Las segundas taifas son: Arcos, Jerez y Ronda; Córdoba; Beja y Evora; Badajoz, Niebla, Silves y Tejada; Baleares; Baza y Guadix; Granada; Jaen; Murcia y Valencia; Málaga; Mertola.
Años después, un nuevo pueblo norteafricano aparece en escena: los almohades, también bereberes, que invaden Al-Andalus en 1146 y, en un periodo muy confuso, luchan contra el mosaico de taifas existente en la Península. Acaban con la nueva fragmentación de Al-Andalus y logran contener a los cristianos. Durante su reinado consiguen algunas victorias, como la batalla de Alarcos en 1195. Es en esta etapa cuando se construye la Giralda sevillana.
Pero su estabilidad deja mucho que desear y sufren su peor derrota en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212. A partir de entonces Al-Andalus empieza a desmembrarse de nuevo, en un intento de crear una nueva fragmentación (los únicos reinos considerados como terceras taifas, según algunos autores, son Valencia y Murcia), si bien no aguanta el avance cristiano y sus fronteras van menguando hasta verse reducidas al reino nazarí de Granada.
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