Granada antigua y el reino nazarí
XVIII.- Abül l-Hassan Ali (Muley Hacem, 1464-1482), El Zagal (1483-1486) y Muley Muhammad ben Abul Hassan Abu ‘Abdallah (Boabdil, 1482-1492)
(Por Manuel Fernando Estévez Goytre)
Antes de analizar los reinados de Muley Hacem y de su hijo Boabdil es necesario matizar que la Guerra de Granada (1482-1492) supone la caída del reino nazarí. La mayoría de los autores dividen la contienda en tres fases:
- Asalto de Muley Hacem a Zahara y toma de Alhama por parte de Castilla.
- Conquista de Ronda.
- Pérdida de Granada y entrega de las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos.
Durante el reinado de Muley Hacem Isabel recibe la Corona de Castilla y Fernando la de Aragón. Ambos son conscientes de que los musulmanes controlan Constantinopla y Gibraltar, los dos extremos del Mediterráneo, y por tanto reconocen que el centro de la cristiandad se siente amenazado. La meta más importante que se fijan antes incluso de subir al trono, más allá de permanecer unidos para siempre, es la conquista de Granada, un ambicioso objetivo al que dedican nada menos que veintiocho años. Después de revisar los tratados y los documentos formalizados con los musulmanes, les exigen las parias que les adeudan a raíz de un documento suscrito en 1438, pero Muley Hacem, férreo defensor de los derechos de su pueblo y de las arcas del reino, se niega a saldar una deuda que además de abusiva es contraída hace casi medio siglo. Esto no quiere decir que Granada esté atravesando un mal momento, muy al contrario, la corona goza de un periodo de bonanza económica. Prueba de ello es que el emir acaba de firmar una serie de pactos con los reinos norteafricanos y comienza a reformar gran parte de las fortalezas militares.
Los cristianos, por su parte, tienen dos frentes abiertos: unas crueles guerras intestinas, y por otro en un enfrentamiento con Portugal; hechos que no han de sorprendernos en una etapa de la historia tan convulsa como la Edad Media. En cuanto a las relaciones entre Granada con los reinos del norte de la Península es Muley Hacem quien enciende la chispa con la conquista de Zahara de la Sierra en 1481, a lo que los Reyes Católicos responden con la toma de Alhama.
Muley Hacem es padre de dos varones, ambos hijos de Aixa la Horra: Abu Abdala, conocido como Boabdil, El Chico, el Zogoibi, El Desventurado o El Malhadado, y Muley Abul Haxig. Pero, siguiendo la tradición que tanto se han empeñado en mantener sus ancestros, no tarda en enamorarse de otra mujer. Nos referimos a Isabel de Solís, una cristiana cautiva que más tarde será conocida como Zorayda. Se da la circunstancia de que las dos son mujeres de carácter fuerte y tratan de influir en las decisiones de su marido, lo que genera dos bandos claramente diferenciados.
- Zorayda y El Zagal (hermano del rey) se posicionan del lado de
Muley Hacem.
- De otra parte están Aixa la Horra y los Abencerrajes, que aleccionan a un
joven e inexperto Boabdil.
Zorayda, con la intención de alejar a los hijos de su esposo del trono en beneficio de los suyos, ordena el ajusticiamiento de algunos de ellos y el encierro de Boabdil y su madre en la torre de Comares. Pero Aixa es una mujer de recursos y tiene influencia aun estando encarcelada. Ni corta ni perezosa soborna a unos y pide favores a otros para conseguir que su hijo escape y huya a Guadix. Entre gritos de guerra, los partidarios del rey Chico se sublevan a los pocos días en Granada y Boabdil, con el ánimo recuperado, toma la Alhambra y obliga a su padre a marcharse a Málaga.
Fernando, victorioso tras la toma de Alhama, decide desplazarse hasta Loja y tomar la ciudad. Pero viendo que su caudillo, Aliatar, padre de la esposa de Boabdil, Moraima, es un hombre que no se rinde fácilmente, abandona la empresa y pone rumbo a Archidona.
De otro lado, Muley Hacem toma la decisión de guerrear contra los cristianos. Después de hacer varias incursiones a Gibraltar regresa a Málaga con el prestigio en alza y un buen botín en sus manos. Sus huestes, al mando de El Zagal, se encuentran con el ejército cristiano en la Axarquía y, envalentonadas, lo obligan a abandonar la zona después de causar cientos de bajas.
Boabdil sabe que tiene que poner toda la carne en el asador en su defensa, tanto para protegerse de unos como de otros, y no ve problema en exhibir un ejército de casi diez mil hombre por tierras de Lucena. Sin embargo, tiene un mal tropiezo con las tropas cristianas y, además de perder más de la mitad de sus hombres, entre ellos Aliatar, es apresado y encerrado. Muley Hacem aprovecha la tesitura para regresar a Granada y recuperar el trono en 1484, mientas que Aixa, siempre ojo avizor, se apropia de parte del tesoro de la Alhambra y se hace fuerte en el Albayzín.
Después de todo lo ocurrido, Muley Hacem quiere ser él mismo quien pase a cuchillo a su hijo y da orden para iniciar las negociaciones a fin de canjearlo por el conde de Cifuentes. Pero Aixa se adelanta y ofrece un rescate aún mayor. Isabel y Fernando deciden liberar a Boabdil previa firma de un documento que estipula un vasallaje muy alto y la entrega de su hijo como garantía de los sucesivos pagos.
Mientras tanto, las aguas siguen turbulentas en Granada. Los partidarios del padre se enzarzan con los del hijo en una encarnizada guerra civil y Boabdil, en consecuencia, se ve obligado a exiliarse en Almería.
Apoyado por Bexir, el alcaide de Málaga, Muley Hacem ordena atacar tierras próximas a Sevilla, siendo Hamet el Zegrí el encargado de caer sobre Utrera. Pero el ejército cristiano es demasiado poderoso y Bexir es apresado junto a varios alcaides.
Isabel y Fernando, en su línea de cumplir sus objetivos, montan un campamento en Córdoba para preparar una fuerte ofensiva. Cuentan con la inestimable ayuda de la artillería alemana, hospitales de campaña y grandes y modernas máquinas de guerra, además de una intendencia que los provee de alimento abundante y calidad. Podemos afirmar que es en este punto cuando comienza el desarrollo de la segunda fase de la contienda. Los asedios son constantes y las muertes se multiplican, todo ello debido a la efectividad de unas tropas y una infraestructura militar mucho más sofisticadas que las anteriores.
El trienio entre 1485 y 1487 supone un golpe continuo para Granada. La prioridad para Isabel y Fernando es Ronda (uno de las ciudades más activas de los enfrentamientos fronterizos), Granada (una población cuya economía reside en la vega) y Málaga y su costa (centro comercial del reino).
Después de la toma de Álora, en Abril de 1485, las huestes cristianas conquistan Coín y Ronda, donde Fernando pone una condición para la liberación de los moros apresados: la entrega de los cristianos cautivos. Así, continúa avanzando por la serranía, el valle del Guadalhorce y la costa más cercana a Granada. Más tarde, Fernando se traslada a Arcos de la Frontera con el firme propósito de preparar la toma de Marbella, que cae poco después. Sin embargo, con la intención de llegar al corazón de Málaga, se desplazan de nuevo hasta Córdoba.
Aixa la Horra, después de que El Zagal entre en Almería, descubre la conspiración y, solicitando la ayuda de los Reyes Católicos, pone a su hijo rumbo a Córdoba. Los granadinos se posicionan de parte de El Zagal y Muley Hacem se ve obligado a abdicar a su favor y a marcharse a Illora, después a Almuñécar y más tarde a Mondújar, donde, una vez fallecido, es enterrado en el pico de sierra Nevada que lleva su nombre: Mulhacén.
El Zagal y Boabdil toman la impopular decisión de repartirse Granada. Uno fija su residencia en la Alhambra y el otro en el Albayzín. Fernando aprovecha la fragmentación del estado y se embarca en la toma de Loja, traicionando a Boabdil después de haberle ofrecido su ayuda. Lo obliga a firmar unas condiciones crueles, entre ellas la de abandonar Granada y marcharse a Vélez Blanco, con lo que el rey Chico pierde el Albayzín a manos de su tío. Pero no contento con sus triunfos, Fernando ordena la conquista de Íllora en junio de 1486 para continuar con las de Moclín, Montefrío y Colomera.
Pero la ausencia de Boabdil de Granada no es causa para que sus partidarios abandonen la lucha contra El Zagal, que, aunque no consigue acabar con su rival, envía una embajada para envenenarlo. El rey Chico, harto de los ataques, regresa a Granada, aun sabiendo que para la recuperación del Albayzín tiene que pedir ayuda a los cristianos. Así, después de librar una larga y cruel batalla, los partidarios de Boabdil acampan junto al río Cubillas.
La conquista de Málaga es de capital importancia para el desarrollo de la guerra. Isabel y Fernando son conscientes de ello. La influencia de los turcos en el Mediterráneo aumenta día a día y lo último que les interesa es un desembarco para ayudar a los nazaríes.
Boabdil rechaza una alianza con El Zagal para detener la campaña de Vélez por parte de los cristianos. El hermano de Muley Hacem se propone defender la ciudad, pero sus tropas se ven indefensas ante un inesperado tropiezo con los cristianos en Periana. A su regreso lo abuchean por cada pueblo y ciudad que pasa. Isabel y Fernando le permiten reinar en Guadix, Baza, Almería y la Alpujarra. Boabdil se queda en Granada. Vélez, finalmente, es conquistada y repoblada por cristianos procedentes del norte peninsular, a lo que, días después, le siguen Nerja y Torrox, entre otras poblaciones de cierta importancia.
Fernando desea negociar la toma de Málaga sin conseguirlo, por lo que la guerra sigue una trayectoria incierta y cruel. Aunque sitian la ciudad por mar y por tierra, los moros no están dispuestos a entregarla. El Zagal envía una columna de ejército para repeler los ataques cristianos, pero Boabdil sale a su encuentro y la ataca por el camino. Los Reyes Católicos aprovechan la coyuntura y la conquistan en agosto de 1487. Boabdil y El Zagal ven que sus fronteras van menguando progresivamente: al primero apenas le queda la ciudad de Granada y al segundo Guadix, Almería y la Alpujarra.
Transcurre el año 1488 cuando Fernando se traslada con su campamento a Murcia. Su intención es adelantar el fin de la contienda y tomar Granada cuanto antes. Vera se entrega al ver lo que se le viene encima. Después caen Cuevas de Almanzora, Vélez Blanco, Huércal Overa, Vélez Rubio, Galera, y Orce, entre otras poblaciones.
Ya no queda nada al oeste de Granada en poder musulmán, por lo que la guerra se centra en la parte oriental. Fernando abandona Murcia y se establece en Jaén para preparar la campaña de Baza, negociando la toma de la ciudad en diciembre de 1489.
El Zagal, que se encuentra viejo y enfermo en Guadix, entrega las llaves de la ciudad. Los Reyes Católicos le ofrecen un señorío en el valle de Lecrín y Andarax, además de una elevada cantidad de dinero. No obstante, Fernando está en posesión de un documento por el cual, una vez hecha efectiva la toma de Almería, Guadix y Baza, se deberá entregar también Granada. Pero recibe una negativa de Boabdil, hecho que no sienta bien a los cristianos.
1490 es un año de continuas batallas. Boabdil, en beneficio de dirigentes musulmanes huidos de otras plazas conquistadas o ricos comerciantes árabes, cada vez tiene menos influencia en la corte. Los cristianos se van introduciendo en la vega, talando bosques y quemando cosechas. El Zagal, en uno de sus últimos alardes de valentía, se alía con los cristianos y les presta su ayuda, a lo que Boabdil responde haciendo una incursión a la costa, en un intento desesperado de recuperar parte de las tierras perdidas y de mantenerse en el poder. Pero El Zagal, tras una cita con Fernando, recibe el espaldarazo de los hombres que siempre le han guardado fidelidad, por lo que se ve obligado a exiliarse en África, donde muere años después.
Los Reyes Católicos parten de Sevilla en abril de 1491 con un ejército de más de cincuenta mil soldados. Isabel, cansada de tanto guerrear, decide quedarse en Alcalá la Real. Fernando, sin embargo, sigue el camino hasta Pinos Puente. El marqués de Villena y el duque de Escalona toman el mando de las huestes cristianas y conquistan el Valle de Lecrín. Aunque solo les queda la Alpujarra y Granada, se dan media vuelta en el barranco de Tablate cuando comprueban la hostilidad de los terrenos. Se establecen en Santa Fe y comienzan la construcción de casas y murallas. Son días en los que los cristianos intentan avanzar y los moros mantener lo poco que les queda.
Ya en la tercera fase de la guerra se conciben las capitulaciones como algo inevitable para la finalización de la contienda. Los vencedores la llevan a cabo con escaso convencimiento en cuanto a la permisividad de las costumbres musulmanas en un futuro cercano. Piensan que, de permitir la continuidad en el uso de sus tradiciones y su lengua, existe el riesgo de una sublevación a corto o medio plazo.
En esta etapa entran en juego componentes que en ocasiones resultan contradictorios. Existe una misma ausencia de capitulación o, lo que es lo mismo, una rendición incondicional que tiene como consecuencia la cautividad y la pérdida de los bienes y castigos ejemplares. Quienes oponen resistencia armada antes de capitular deberán abandonar todos sus bienes; en cambio se libera a los cautivos y se decreta una amnistía por delitos de guerra, lo que resulta, como acabamos de decir, contradictorio. Pero el musulmán tiene dos posibilidades: marcharse o permanecer. Quien decide permanecer tiene derecho a quedarse en cualquier otro lugar de Castilla, si bien vivirá en una situación de oprimido allá donde fije su residencia. Un último componente sería la diferencia cultural e ideológica en cristianos y musulmanes.
1491 trae consigo un otoño terrible en Granada. El hambre hace mella en la población y la desesperación lleva a Boabdil a convocar una reunión con los prohombres del reino. Hay quien propone la entrega de la ciudad, como el alcaide Abul Cacim el Muleh, propuesta que es bien recibida por el rey. De esta manera, Gonzalo de Córdoba y Hernando de Zafra, por parte de los cristianos, y Abul Cacim y Aben Comixa, por la granadina, negocian en Santa Fe la toma de la ciudad.
El 2 de enero de 1492 Boabdil entrega las llaves de Granada a Isabel y Fernando. Al rey Chico se le concede un señorío en la Alpujarra. El Zagal, meses después, se marcha a África dotado de una importante cantidad de dinero que Fernando le entrega para rehacer su vida. Pero Boabdil le confisca todo lo que lleva, le quema los ojos y lo encierra en una mazmorra. Una vez en libertad muere como un mendigo en Vélez de la Gomera. Poco después Aben Comixa traiciona a Boabdil vendiendo sus posesiones y el rey Chico se ve en la obligación de marcharse al norte de África, donde muere como héroe de guerra en 1526.
Granada desaparece legalmente como sociedad islámica entre 1499 y 1501, periodo en el que suceden acontecimientos fuera de lo estipulado. Las garantías ofrecidas a los mudéjares son insuficientes para asegurar su vida dentro del Islam, por lo que los moros de los arrabales de la vega se convierten en masa al cristianismo. No así los alpujarreños, que se sublevan en 1500, a lo que siguen otros alzamientos en Níjar, Velefique y las serranías de Ronda y Villaluenga. En julio, los Reyes Católicos prohíben la estancia en el país a los musulmanes para evitar el contagio a los cristianos nuevos, conocidos como moriscos, destruyendo los libros islámicos y forzando las conversiones.
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