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Delirios de autor (el blog de Manuel Fernando Estévez Goytre)

Blog dedicado al autor Manuel Fernando Estévez Goytre y su obra

Te presto mi voz, de Cristina Pernas

Publicado en 30 Abril 2019 por deliriosdeautor Manuel Fernando Estévez Goytre

Te presto mi voz, de Cristina Pernas
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TE PRESTO MI VOZ, DE CRISTINA PERNAS

 

Una reseña de Manuel Fernando Estévez Goytre

 

Sobre la autora:

 

Madrileña, aunque alicantina de adopción, Cristina Pernas es miembro especialmente activo de la Asociación de Escritores de Alicante desde hace algo más de un año. Socióloga y trabajadora del sector de recursos humanos, se perfila, además, como editora del blog “Mujer después de los 40”, lo que nos da una idea de su capacidad de trabajo. En el plano creativo es autora de la biología “Las lunas de Rona. Para los que un día olvidaron vivir la vida” y “Las lunas de Rona. Doce pecados del alma y un minuto de redención”. Continuando con su trayectoria como escritora, “Te presto mi voz” es su tercera incursión en el mundo de la narrativa, una novela que se adentra en el espectro de la distopía y se alza con el IV Premio Somnium de ciencia ficción y fantasía, convocado por libros Mablaz.

 

Sinopsis que aparece en la novela:

 

“La edad oscura sumió al hombre en la desesperación durante más de cuatro siglos, los que separan a los personajes de Te presto mi voz de la Gran Guerra que regó la Tierra de hambrunas, enfermedades y contiendas. Nos trasladamos a una época ficticia en un futuro incierto.

            Pétrola pertenece a la antigua orden de los escribas, la única que mantiene viva la práctica ancestral de la escritura tras la devastación que redujo las poblaciones humanas a confinarse en grandes ciudades con un gobierno propio, desperdigadas a lo largo de los cinco continentes. Trabaja poniendo voz a las vidas de otras personas, bajo estrictos controles de confidencialidad, ya que ellos son la umbra –la sombra más oscura– que cobija los mayores y más lóbregos secretos de muchos.

            Su ordenada rutina se rompe cuando traiciona su ley por amor, convirtiéndose en una proscrita. En ese momento comenzará su verdadera historia, en la que descubrirá que nada es lo que parece y que su mundo se sostiene sobre grandes mentiras. Porque Pétrola es especial, su prodigiosa memoria y la capacidad que tiene de reproducir textos, incluso íntegramente, la convierten en guardiana de confidencias que no deberían ver la luz y cuyos protagonistas tratarán de mantener en el olvido, puesto que son muchos los años transcurridos sepultando la verdad bajo un régimen de terror que ella podría hacer que se tambalease.

            Un viaje trepidante en el que conocerá la traición, la lealtad, el amor, el abandono, la amistad, la muerte y la vida en una sociedad deshumanizada hasta el extremo de que el hombre parece involucionar, sometiéndose dócilmente a líderes opacos que un día fueron servidores pero que se tornaron en crueles amos”.

 

Personajes:

 

En esta obra aparece un número de personajes nada despreciable. La mayor parte de ellos están construidos sobre unos cimientos muy sólidos, dotados de una personalidad desbordante y muy necesarios, podría decirse que imprescindibles, en cuanto al papel que desempeñan en la historia. La autora lleva la trayectoria de cada uno de ellos con una profesionalidad digna de mención. No hay más que leer el primer capítulo. Dejando a un lado al protagonista y al antagonista, el resto va cobrando importancia a medida que la trama va tomando cuerpo, lo que equivale a decir que nos encontramos ante una novela coral. Pero no nos equivoquemos, cuando menciono el término coral me refiero a la influencia que cada personaje ejerce en la historia y, sobre todo, al número de narradores con el que Cristina juega. El lector lo podrá comprobar por sí mismo sin necesidad de avanzar demasiado en el relato. Además, como buena novelista, la autora hace que los protagonistas vayan evolucionando a medida que se acerca el final, cualidad que los convierte en personajes redondos. Es increíble cómo se van acercando unos a otros y van creando entre todos una especie de gran familia donde unos son buenos, otros no tan buenos y otros, como no podía ser de otra manera, carentes de toda sensibilidad.

            Cabría destacar a Pétrola (perteneciente a la estirpe de los escribas, descendiente del superior y recogida por Anne), Anne (casi hermana de Pétrola), Bastian (el Maestro), Solomón, Iaakov (el malo de la historia), Bruno (Señor de la Tormenta), Bella (antigua escriba), Anicka, Ofelia (la Serpiente), Dana, Kosmo, Otto, Sau, Miguel, Anabella, Abel Tasman, Penélope, Farab, Eben, Arad, Nezer, Fedor (Diego), Sara, Ruth, Paula, Remiel (Jeremiel o Yeremiel), Damián, Antón y Nastya, Andrea, Augusto, Yulia, Phoolan, Marcos, Agustín, Karla...

 

Análisis de la obra:

 

Solo con un primer vistazo a la portada nos podemos formar una idea general de la temática de la obra. Sugerente, seductora y singular. Tres eses que dicen mucho, y muy positivamente, de una historia que aún está por desarrollarse. Nos encontramos ante una obra muy peculiar por su estructura, su temática y su estilo. Esta edición consta de un prólogo, 20 capítulos, un apartado para los agradecimientos y un glosario al final. Cada capítulo va encabezado por un título, generalmente acompañado de una cita (casi siempre en latín) con una explicación muy oportuna, una especie de mensaje que la autora se permite lanzar antes de comenzar a contarnos lo que corresponde en cada punto de la trama. A veces intercala saltos en el tiempo o relatos retrospectivos (lo que en el cine equivaldría a un flash-back), algo que hace que pierda la linealidad que tal vez el lector espera en un principio de una novela como la que nos ocupa.

            Por si fuera poco, Cristina parece no quedarse tranquila con uno, sino que se vale de múltiples narradores, pues cada capítulo está contado por un personaje diferente, como cabe suponer en primera persona. Sin embargo, es impresionante la forma en que va hilando las distintas partes de la historia. Hay que tener mucha habilidad y dominar muy bien la narrativa para salir airosa en experimentos de tal envergadura, en los que solo algunos autores consiguen el éxito. Habría que matizar a este respecto que “Te presto mi voz” es una obra que hay que leer con los ojos muy abiertos desde las primeras líneas, sobre todo para descifrar quién cuenta cada capítulo. Además, el mundo en el que se desenvuelven los personajes es un mundo complicado y muy particular que cada narrador resuelve a su manera.

            Cristina se presenta al lector con un lenguaje sencillo, frases cortas o al menos no demasiado largas en las que los signos de puntuación están donde tienen que estar y los adjetivos ni sobran ni faltan, de igual manera que los adverbios y los pronombres, con los que juega, entre otras cosas, para abreviar las frases cuando se hace necesario. Una novela con una trama de ciencia ficción requiere una habilidad sintáctico-gramatical muy especial que la autora supera con creces. Escribir en tiempo presente da una sensación de cercanía e inmediatez que contribuye a captar la atención del lector desde el primer momento. Nadie se atrevería a discutir tal afirmación cuando el estilo y el ritmo son de calidad, como es el caso. Además, la autora consigue crear en cada escena un ambiente donde todo permanece en su lugar hasta que, como no podía ser de otra manera, llega el momento de introducir un evento, ya sea solo informativo o, yendo un poco más allá, relevante, lo que lo eleva a la categoría de abismo (producido cuando tal evento no es predecible por el personaje de turno). El constante movimiento, el continuo cambio de escenarios y personajes hacen que Cristnia no deje respirar al lector, pues los sucesos se desarrollan a una velocidad más que considerable.

            En cuanto a las descripciones, hay que decir que bien podrían pertenecer al subgénero fantástico. El mundo en que nos introducimos no es fácil de describir, se supone que se trata de una sociedad muy lejana a la nuestra en cuanto a tiempo se refiere. Cristina hace guiños a los antiguos poblados, como ocurre en algunas distopías, haciendo obvio que no todo tiene por qué ser futurista. Es evidente, además, que domina la mitología griega, como lo demuestra en algunos pasajes de la novela. Por otra parte nos sorprende conectando las Sagradas Escrituras con el futuro distópico. La novela tiene algún que otro componente de la época romana (nos habla, a modo de ejemplo, de los patricios), medievales (siervos de la gleba), o incluso de “1984”, de George Orwell (el gran ojo que todo lo ve). Llama la atención la especie de obsesión por el número 7 que planea por toda la obra, que va apareciendo y desapareciendo conforme se van devorando las páginas.

            En el glosario final podemos encontrar diferentes términos que Cristina utiliza en la obra, tales como: asclepio (centro de salud), penna (pluma del escriba), heike (portales que permiten el tele-transporte), dikastes (figurantes de un juicio que realizan labores de jurado), scriptorium (lugar de trabajo de los escribas), armarius (director del scriptorium), cálamo (archivos interactivos), clepsidra (reloj de agua), abaton (parte del asclepio), ayos (altos cargos del scriptorium) o bitácora (libro personal de cada escriba), entre otros muchos.

            Antes de terminar con una cita de la novela me gustaría dejar clara que la alta literatura no solo existe en nuestros días sino que está a nuestro alcance. No hace falta más que adentrarse en el universo que Cristina Pernas construye para nosotros y saborearlo con tiempo.

            “Cojo la escalera que lleva a la cripta principal, el lugar donde Solomón hizo instalar el archivo general. Supongo que necesita revestir todo lo que hace de suntuosidad, o tal vez sea exclusivamente morbo y oscuridad lo que le llevó a hacerlo, ya que se dice que los cubículos de este espacio, conocido como la Plazoleta, fueron construidos como enterramientos. Algunos de ellos por su tamaño y profusas pinturas bien parecen grandes mausoleos”.

Alicante, abril de 2019

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