Una reseña de Manuel Fernando Estévez Goytre
CARTAS A MIS PADRES
María Ángeles Fernández de Tirso y Aguirre
María Ángeles Fernández de Tirso y Aguirre, tras su experiencia de 19 años como bibliotecaria, escribe este libro mostrándonos una selección de relatos breves, con notable carácter romántico, para descubrirnos un planteamiento de la vida diaria con gran intensidad, empatía y sobre todo amor (extracto de la contraportada del libro).
Cartas a mis padres es una colección de relatos breves cuyo elemento común es el amor, ya sea hacia nuestra pareja, hacia nuestros abuelos o hacia la propia naturaleza. Aunque el tema de fondo cambia de un cuento a otro, el amor está presente en cada página de esta gran obra.
Se trata de pequeñas joyas que no van más allá de las dos páginas de extensión. Unos cuantos cientos de palabras a lo sumo. Pero todos sabemos que lo bueno, si breve, dos veces bueno. O como diría mi gran amigo, el genial escritor granadino Jorge Fernández Bustos «yo voy de lo breve a lo más breve». No hace falta más. La corriente literaria actual se presenta muy, pero que muy distinta a la que dominó la totalidad del siglo XIX. Es absurdo explicar un concepto en tres líneas cuando se puede hacer en una. Uno de los primeros y más conocidos impulsores de estas nuevas tendencias fue Ernest Hemingway. En una entrevista le preguntaron cómo describiría un amanecer. La respuesta fue rápida y simple: amanecía, una sola palabra que lleva implícita todo lo que se quiera añadir para plasmar el comienzo del día en un papel en blanco.
María Ángeles utiliza una prosa poética que seduce al lector desde el primer relato, Carta a mis padres, que, aunque en singular, da título a esta colección de cuentos. Continúa con otros como Dedicado a las abuelas, Otoño, Dalí, Andrés Trapiello, Los cines, Noche de San Juan o Granada, entre otras muchas pequeñas obras en las que trata el tema de los recuerdos de juventud, los sueños, la soledad, la poesía, la felicidad, la amistad o la tristeza, sin olvidar el destino, la primavera, la pintura, la esperanza o las propias bibliotecas, que tanto significan en la vida de la autora.
Escritos en tercera persona, los relatos siguen una linealidad que casi se podría definir como un tanto abstracta, pues María Ángeles suele contar las historias en términos generales y no concretos, para lo que se vale de un artificio basado principalmente en el pasado imperfecto, un recurso que, aunque no proporciona demasiado movimiento a la narración, sí lo cubre de una capa de relatividad que en ciertos temas como el amor, la felicidad o la esperanza resulta necesaria y muy práctica. Porque este es un libro repleto de sensaciones que no dejan de emocionar ni una sola página. Porque es un libro donde la prioridad para la autora no son los personajes sino las emociones y los sentimientos, dos ingredientes que se abren paso por la mente del lector durante toda la obra. Podría decirse, para acabar, que Cartas a mis padres es un libro con alma propia, una colección de relatos que nos llega directa al corazón.
Los niños inundan las pequeñas callejuelas con sus risas. En el terral, se oye la música de La Sardana. Se forman corros bailando grandes y pequeños. Los ancianos están sentados en los bancos mirando y sonriendo. Muchos de ellos quizás recuerden cuando eran jóvenes y los domingos iban al terral a bailar. Ahora desde las ventanas de las casas, se ven caer los copos de nieve, que van cubriendo todo el pueblo. Fragmento perteneciente al relato Borjas Blancas.
Alicante, junio de 2019
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