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Delirios de autor (el blog de Manuel Fernando Estévez Goytre)

Blog dedicado al autor Manuel Fernando Estévez Goytre y su obra

Monólogo interior basado en "La niña de los fósforos", de Hans Christian Andersen

Publicado en 8 Julio 2024 por deliriosdeautor Manuel Fernando Estévez Goytre

Monólogo interior de mi autoría basado en "La niña de los fósforos", de Hans Christian Andersen

Monólogo interior de mi autoría basado en "La niña de los fósforos", de Hans Christian Andersen

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Hoy, revisando los archivos de mi ordenador, he encontrado un texto que escribí para un curso de creación literaria. Se trata de un monólogo interior basado en "La niña de los fósforos", de Hans Christian Andersen.
¡Qué frío hace! Aunque no, no no es ninguna novedad que lo haga al caer la tarde. Creo que la mala suerte se cebará conmigo hasta el final de la jornada, lo intuyo. ¡Qué horror! Podría quedarme en casa, aunque solo fuera por un día, pero no hay nada que pueda compensar el cargo de conciencia que me generaría el día de descando. De todas formas... ¿Para qué? ¿Qué conseguiría con eso, si ni siquiera metida en la cama puedo encontrar la dignidad que cualquier ser humano merece? ¡No puedo, es una lástima pero no puedo! Nada ni nadie me librará de salir a vender cerillas. Y la nieve... la nieve lo complica todo aún más, y si a eso añadimos que la de hoy es la noche de San Silvestre, la última del año, la tristeza me golpea todavía con más violencia. "Has nacido pobre, esa es tu condición y tu realidad, has de aceptarlo, no puedes siquiera cubrirte la cabeza con un trozo de paño para combatir el mal tiempo, y tus zapatillas, esas que hace tiempo te diese tu madre, te venían tan grandes que no pudiste evitar perderlas cuando aquellos dos coches se precipitaron sobre ti a toda velocidad y caíste en plena calle, entre el hielo, la nieve y el barro. ¡Cómo me cuesta caminar!, se me hace lento y pesado. ¡Qué dolor siento en los pies desnudos! No sé cuánto tiempo podré seguir deambulando por la ciudad. Y las manos... los bolsillos son el único refugio para las manos. ¡Cómo me duelen! ¿Cómo podría calentármelas? Pero, qué tonta soy, si llevo más de diez cajitas de fósforos. Si pudiera encender uno, solo uno, y calentarme… "No, no puedes permitírtelo, no has vendido nada en todo el día y en casa necesitan el dinero para comprar alimento". Qué largo se me esta haciendo el camino de regreso, de tardar mucho moriré de hambre y de cansancio. «Siéntate en esa esquina. Si te tumbas y haces un ovillo con tu cuerpo podrás al menos enfrentarte a la baja temperatura. Tal vez alguien se apiade de ti y te compre algo o incluso te dé unos centavos de limosna. Y los fósforos... sí, podrías encender uno y calentarte un poco los dedos. Uno, no dos ni tres, solo uno". ¡Ritz! Es cierto, qué calor más agradable, me estoy emocionando, después de todo esto no es el final. Qué luz más hermosa la que desprende la cerilla, me parece el espectáculo más bonito del mundo. Siempre he pensado en momentos así, en los que me invade la relajación. Creo que me lo merezco. Pero mi habitación... ¡qué acogedora es!, con esa gran estufa en la esquina y ese fuego tan vivo que caldea el ambiente. «Míralo, ¿Te das cuenta de que no es el final?» Ohhh... el fósforo se apaga y la nieve y el frío siguen ahí. "Enciende otra, ya ves que no pasa nada". ¡Ritz! La luz, de nuevo la luz. Cuánta comida hay sobre la mesa, qué mantel tan lujoso, y esa vajilla de porcelana... ¡Qué delicia, qué afortunada soy! Ese pato asado no está al alcance de cualquiera y el relleno de ciruelas y manzanas debe de estar delicioso. «Gracias, Señor, que me dejas disfrutar la vida con tanto lujo y tanta abundancia de alimento». No te apagues, por favor. ¿Otra, otra más? "Sí, no pasa nada, enciende otra" ¿Y ese árbol de Navidad? Es muy alto y está lleno de adornos, ¡qué suerte la mía!, hasta ahora solo he visto árboles tan bonitos a través de los cristales de las casas de los hombres más ricos. ¡Y las velas! ¡Y las estampas! ¡Cuántas hay colgadas en las ramas! Pero, ¿qué me ocurre? ¡Qué sensación más extraña! Parece como si el frío me abandonara para siempre. La apagaré, apagaré la cerilla, creo que ya no me hace falta. No sé lo que son esas lucecitas. Parecen estrellas en el cielo. ¿Y esa que se desprende y traza en el firmamento esa preciosa estela de fuego? ¿Será que alguien se está muriendo? Claro, claro, la abuela me dijo un día que cuando una estrella se cae es que alguien se muere. Sí, ahora sí que me hace falta otro fósforo. Oh, abuelita, querida abuelita, ¿estás ahí? ¡Cuántas ganas tenía de verte! Qué dulce eres y cuánto te he echado de menos. ¿No podría estar junto a ti, viajar a tu lado? Llévame contigo, no desaparezcas como han hecho la estufa, el asado y el árbol de Navidad. Tú no, por lo que más quieras, tú no te vayas. ¿Y el resto de las cerillas? ¿Las enciendo? ¿Me llevarás contigo si las enciendo? Sí, creo que sí. ¡Ritz! Ya lo veo. ¡Cuánta luz! ¡Y qué intensidad tiene! Gracias, abuela, qué hermosa eres, cómo me gustaría que me tomases en tus brazos como hacías cuando era más pequeña. ¡Qué gozo, qué hermoso se ve todo desde aquí! Por fin el frío, el hambre y el miedo se han ido para siempre. Señor, te siento tan cerca. No quiero regresar, abuelita, solo quiero estar contigo. Soy muy feliz aquí.
 
Manuel Fernando Estévez Goytre
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