El soñador soñaba sueños bañados por las aguas cristalinas de la realidad. A veces confundía ambos conceptos. Pero el día que lo abandonó su compañera se sintió traicionado. La disyuntiva era, cuanto menos, sombría: ¿se encontraba ante una de sus continuas ensoñaciones o la realidad, harta del intrusismo que venía soportando, acabó fulminando la capacidad onírica que tanto había explotado el soñador?
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