Monique me juró que en nuestra siguiente cita reviviríamos el sueño de aquella noche. Intentando que sus pasabras se hicieran realidad me puse mis mejores galas, me perfumé y me metí en la cama; cerré los ojos y esperé a que Morfeo se apoderara de mi mente y de mi voluntad. Como me había prometido, allí estaba ella, con una puntualidad que inflamó mi capacidad de asombro y bella, sorprendentemente bella.
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