Ascenso al cielo.- Pensé que la conquista del universo resultaría fácil, pero a cada peldaño que subía se complicaba más y más. Solo me consoló que, pasadas unas horas, la cartulina negra del cielo comenzó a salpicarse de diminutos diamantes que centelleaban sin parar, invitándome a bajar a tierra y contemplar sin condiciones el firmamento en todo su esplendor. Respiré hondo, me tendí sobre el verdor negruzco que me ofrecía la hierba en la inmensidad de la noche y me entregué a los brazos protectores del universo.
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