Granada antigua y el reino nazarí.-
VI.- De la expansión del Islam a la llegada de Abd al-rahman a Al- Andalus.-
Por Manuel Fernando Estévez Goytre.
Mahoma y la expansión del Islam
La expansión musulmana es en sus orígenes una de las que ha planteado menos dificultades de cuantas ha llevado a cabo el ser humano; tras llegar al noroeste del continente africano e instalarse en la región los invasores no encuentran prácticamente oposición para cruzar el Estrecho e introducirse por Tarifa en la península Ibérica. Pero dicha expansión no se podría entender sin la figura de Mahoma, perteneciente al clan hachimí, dentro de la tribu de los quraysíes, por lo que no está de más aportar un poco de información sobre su vida.
Se sabe que el Profeta queda huérfano a muy corta edad, tras lo que recibe ayuda de su tío Abu Talib. Se especula, sin embargo, con la idea de que en su juventud pudiese haber viajado a países lejanos a través de las caravanas de comerciantes que extendían sus redes más allá de la península Arábiga, lo que, de ser cierto, le habría permitido entrar en contacto con otras religiones, especialmente con la cristiana y la judía.
Un día, rozando los cuarenta años, ve en sueños al arcángel san Gabriel, quien le enseña el texto del Corán y le encarga la difusión de su mensaje. Jadicha, a quien el Profeta toma por esposa siendo viuda y quince años mayor que él, no tarda en perfilarse como su primera seguidora. Estamos en el año 612 cuando Mahoma comienza a predicar en La Meca. La nueva doctrina es muy bien acogida por las clases sociales más bajas, hecho que empieza a alarmar a las más altas.
Pero una vez que mueren Jadicha y su tío Abu Talib, se queda solo y huye a Medina, donde sus discípulos se van multiplicando, si bien comienza a tener problemas con los judíos residentes en la zona y se empieza a conspirar contra él y contra su fe en La Meca. No obstante, con el tiempo consigue captar más y más seguidores y la ciudad por fin lo acoge como se merece.
Es el momento de invertir unos años en unificar las tribus arábigas desperdigadas por el desierto, enviando sus tropas a la Guerra Santa. Años después de su muerte (632) el Islam se extiende desde la India hasta la península Ibérica. Comenzando por Siria y continuando por Egipto, Cirenaica y Tripolitania (ambas ubicadas en la actual Libia), más tarde, en 670, fundan Qayrawam, en Túnez. A finales del siglo VII los bizantinos abandonan Cartago y árabes y bereberes entran en Argelia y llegan, a través de Marruecos, al océano Atlántico.
Poco después, en 711, Tariq, al mando de un ejército de árabes y bereberes, cruza el estrecho de Gibraltar, penetra en la Península y derrota a los visigodos en la batalla de Guadalete. El reino visigodo se encuentra en crisis debido a las constantes luchas, y el ejército invasor, animado por el triunfo, continúa imparable hacia el norte. No bastan más que tres años para conquistar la mayor parte de las tierras hispánicas. Es entonces cuando Iliberis cambia su nombre por el de Elvira, que será destruida en 1010, trasladándose, como consecuencia, un buen porcentaje de sus habitantes al Albaycín.
Pero los bereberes norteafricanos rechazan el control del gobierno central y comienza un periodo de enfrentamiento con los árabes que se prolonga hasta 750. Por otra parte, aunque los visigodos hacen una serie de pactos con los invasores a través de capitulaciones y rendiciones amistosas, en 722 los astures derrotan a los musulmanes en Covadonga y estos intentan introducirse en territorio franco, ocupando Narbona. Sin embargo, la escalada militar se detiene, siendo derrotados en Poitiers en 732.
La llegada de Abd al-rahman a Al-ándalus (Omeyas y Abasies)
Empezaremos enumerando los distintos reyes que tuvo al-Ándalus hasta su proclamación como emirato independiente de Damasco en 756:
Abd al-Aziz Ben Musa, Ayyub Habib al-Lajmí, Al-Hurr ben Abd al-Rahman al Thaqafí, Al-Sahm ben Malik al-Jawlaní, Abd al-Rahman ben Abd Allah al-Gafiqí, Anbasa ben Suhaym al-Kalbí, Udrra ben Abd Allah al-Fihrí, Yahya ben Salama al-Kalbí, Hudhaifa ben al-Ahwas al-Qaysí, Uthman ben Abi Nis'a al-Jath'ami, Al-Haytham ben Ubayd al-Kilabí, Huhammad ben Abd Allah al-Ashchaí, Abd al-Malik ben Qatan al Fihrí, Uqba ben al-Hachchach al-Salulí, Balch ben Bishr al-Qushayrí, Tha'laba ben Salama al-Amilí, Abu-l-Jattar al-Hussam ben Dinar al-Kalbí, Thawaba ben Salama al-Chudhamí y Yusuf ben Abd al Rahman al-Fihrí.
Un episodio de especial trascendencia en la historia de al-Ándalus es la llegada de Abd al-Rahman a la Península. Nos encontramos a mediados del siglo VIII, años muy convulsos en los que la dinastía Omeya gobierna Damasco. El califato se abandona a la buena vida y se muestra tan pasivo en el aspecto religioso como intransigente en el fiscal. Las consecuencias no se hacen esperar y aumentan los separatismos locales. Los ciudadanos, muchos de los cuales son musulmanes, manifiestan su pesar porque los mejores puestos se conceden a los árabes. Los levantamientos del pueblo, que comienzan en lejanos puntos del imperio, llegan a Siria, y el califa huye de Damasco y finalmente es asesinado. A partir de entonces hay una serie de enfrentamientos e intentos de entronizar a unos y otros. Así, Abu-l-Abbas Abd Allah, se convierte en el primer abasí en subir al trono. Poco después proclama una amnistía, con lo que intenta ganarse la confianza de los abasíes que permanecen huidos, pero de repente rompe lo pactado y acaba con la vida de más de ochenta personas que han salido de sus escondrijos. Solo logran escapar dos: Yahya ben Mu’awiya y su hermano Abd al-Rahman.
Abd al-Rahman permanece errante, de tribu en tribu por el norte de África, durante cuatro años, hasta que se encuentra con la tribu de los Nafza. Haciendo tratos con unos y con otros, en 755 consigue fletar un barco y desembarcar en la costa peninsular, cerca de Almuñécar.
El gobernador de al-Ándalus, Yusuf al-Fihri, advierte a Abd al-Rahman que se abstenga de hacer política y mucho menos intentar un golpe. Para ganarse su amistad, lo invita a Córdoba y le ofrece la mano de su hija, pero la realidad es muy distinta. Abd al-Rahman, con ayuda de los yemeníes, da inicio a una guerra que lo lleva a un triunfo casi inmediato. Con veintiséis años se proclama rey y convierte al-Ándalus en el primer emirato independiente del califato de los abasíes, aunque no quiere dar el paso de proclamarse califa.
El mayor problema con el que se enfrenta el nuevo emir es el control de las diferentes etnias que pueblan la Península. Por un lado los árabes se han dividido: están los yemeníes, los qaysíes, los antiguos colonos (llegados con Tariq) y los sirios (que llegan años después). De otro lado están los bereberes procedentes de tribus norteafricanas y la población autóctona (muladíes), que por diferentes motivos acaban aceptando el Islam como su religión y forma de vida.
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