Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
Publicidad
Delirios de autor (el blog de Manuel Fernando Estévez Goytre)

Blog dedicado al autor Manuel Fernando Estévez Goytre y su obra

El reino nazarí

Publicado en 5 Diciembre 2018 por deliriosdeautor Manuel Fernando Estévez Goytre

El reino nazarí
Publicidad

Granada antigua y el reino nazarí
X.- El reino nazarí
(Por Manuel Fernando Estévez Goytre)

Son los almorávides a finales del siglo XI, y más tarde los almohades, a caballo entre el XII y el XIII, los llamados a reconstruir el mapa de Al-Andalus que previamente dibujan los soberanos de las primeras y segundas taifas, respectivamente. El esquema sería el siguiente:

- Primeras taifas.
- Imperio almorávide.
- Segundas taifas.
- Imperio almohade.
- Terceras taifas.

Este proceso de desestabilización y reparto de poder varias veces repetido (que no resulta tan complicado como podría parecer a primera vista) pone en alerta a los reyes cristianos. Lo último que a estos les interesa es que sus vecinos del sur concentren su poder en un solo estado, motivo por el cual ponen todo su esfuerzo en las cruzadas, lo que con el paso de los años, ya en la época almohade, les lleva a conseguir una gran victoria en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). La creciente presión militar que ejerce Castilla sobre el sur peninsular por un lado y los cada vez más abundantes alzamientos locales por otro hacen que el poderío almohade, ya tocado de muerte por esta derrota, inicie un rápido e irremediable debilitamiento. Al-Adil (el justo), aprovechando la situación, promueve el alzamiento de varios gobernadores –en Córdoba, Málaga, Granada y Murcia- y posteriormente consigue hacerse con el reino, lo que desencadena una serie de revueltas que acaban descomponiendo el poder almohade central, formando pequeños focos locales de orden militar. En base a estas premisas podemos decir que los imperios almohade y almorávide desaparecen a la misma velocidad con la que entran en la Península.

A mediados del siglo XIII se gestan cuatro pequeños reinos en torno al Mediterráneo occidental: en el sur de Europa tenemos el nazarí y en África el creado por los hafsides en el Oeste, los meriníes en Oriente y los Abd-al-Wadíes en el centro.

Durante las terceras taifas, un periodo que algunos autores no reconocen y que no dura más de diez años, se conforma el reino nazarí como último baluarte islámico en nuestra tierra. En esta etapa tenemos tres núcleos de poder descentralizados: Ibn Mardanis en Valencia, Ibn Hud en Murcia (1227-1238) y Muhammad b. Yusuf b. Nasr en Arjona. Este último, con el apoyo de los Banu l-Ahmar, también conocidos por Alahmares o nazaríes, entra en Granada tras la desestabilización de Ibn Hud y poco después se proclama sultán. Así, Muhammad I al-Ahmar, apodado el Rojo, se erige como fundador del reino nazarí, un emirato que se extiende hasta finales del siglo XV, concretamente hasta que Boabdil, el Chico, entrega las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos.

El reino nazarí, conocido también como reino de Granada o emirato de Granada, inicia su andadura en el siglo XIII como resultado de la decadencia y división en pequeños estados del poder almohade, que no consigue mantener ni la verdadera unidad de sus territorios ni una sucesión pacífica de sus reyes. Una de las causas reales del declive de los almohades sería el avance de la reconquista, que arrincona a los musulmanes en el sur de la Península. En caso de tener que mencionar los hechos que mejor definen al reino de Granada a lo largo de sus doscientos cincuenta años de historia, una de las clasificaciones que más se ceñirían a la realidad sería la siguiente:

- la fragmentación de los poderes militares.

- Las alianzas con los cristianos que lo protegen como entidad territorial.

- El hecho de ser uno de los grandes objetivos estratégicos (geográficos) de las potencias más avanzadas de occidente (especialmente por su situación en torno a las escarpadas montañas de sierra Nevada).

Estos dos últimos son los principales elementos para que Granada siga existiendo como reino musulmán tras la derrota del resto de Al-Andalus.

Por otra parte, si la reconquista no se hubiese detenido con el tratado de Jaén (1246), las huestes cristianas habrían caído con toda su fuerza sobre el nuevo emirato granadino. Sin embargo, los nazaríes lo evitan haciéndose tributarios de los castellanos. 

Si en su momento dejamos claro que Granada es un enclave fundamental durante la época zirí, en los siglos XIII, XIV y XV su influencia artística y cultural se extiende por todo el mundo conocido. La dinastía es en sus comienzos un puente para el intercambio comercial entre el norte de África y Europa. Hay que recordar que Granada es una ciudad muy próspera en el siglo XIV, una época que en los estados de su entorno se caracteriza por la crisis, las guerras internas y externas y los continuos brotes de peste y otras enfermedades mortales. Gran parte de los musulmanes que, huyendo de la reconquista, buscan en el sur de la Península un lugar donde se respete su religión y sus costumbres, acaba engrosando el censo de Granada. Estos hechos, en su conjunto, la convierten, junto a ciudades como Damasco o Bagdad, en uno de los principales centros culturales y artísticos del mundo islámico.

Sin embargo, la prosperidad económica no aleja al reino nazarí de los conflictos políticos y militares, hecho que Castilla aprovecha para avanzar e ir tomando pequeños territorios, si bien muchos de esos intentos desembocan en fracasos históricos para los castellanos, como el desastre de Moclín en 1280, el de la vega de Granada en 1319 o  el de Guadix en 1362. Los nazaríes, por su parte, intentando sacar el máximo partido a la situación, contraatacan a las huestes castellanas con resultados tan dispares como la derrota de Linuesa en 1362, donde el ejército granadino se ve obligado a batirse en retirada, o la victoria de Algeciras en 1369, en la que, al contrario que en la batalla anterior, son los musulmanes quienes se alzan con el triunfo. En esta época el rey de Granada, como el castellano en otras ocasiones, encuentra una situación favorable en la guerra interna del enemigo cristiano, Pedro I el Cruel, que enfrascado en costosas batallas con Enrique II, asfixia económicamente tanto a la nobleza como al pueblo y deja que Granada pase unos años de holgura.

Las nuevas rutas comerciales que se abren en el siglo XV entre África y Portugal hacen que Granada pierda el control que en siglos anteriores mantiene sobre la mercancía. De otra parte, por el norte, la unión de Castilla y Aragón en 1469 le impide hacer frente al que se erige como el nuevo gigante cristiano.

No hay duda, como ya hemos dicho, de que el reino nazarí es uno de los más prósperos de la época en lo que a arte y cultura se refiere. Prueba de ello es el gran número de literatos, filósofos o científicos que acogen sus murallas, como el poeta Ben Said, los historiadores y filósofos Ibn Zamrak Ibn Al-Jatib, el filólogo Abu Hayyan o el médico Ibn Tufail. Sin embargo, no es menos cierto que en el aspecto militar tiene mucho que desear de los gloriosos tiempos de Al-Andalus y ve cómo sus fronteras van cediendo paulatinamente al avance cristiano.

En cuanto a la nueva organización territorial y administrativa, las circunscripciones se estructuran en tahas. La Banda Morisca marca la frontera con Castilla, de ahí que muchos pueblos de Andalucía se denominen “De la Frontera” (con Granada). Las ciudades más pobladas y más activas durante la época nazarí son, además de Granada (50.000 habitantes), Almería, Antequera, Archidona, Ronda, Alhama, Loja, Baza, Guadix, Málaga, Marbella, Vélez, Adra, Almuñécar, Purchena, Vera, Ugíjar o Mojácar. Si en la región de la Alpujarra existen pocas o ninguna ciudad de importancia en cuanto a número de habitantes se refiere, hay que matizar que en su conjunto es una comarca muy poblada y de gran importancia económica. Esta situación se mantiene hasta la sublevación de los moriscos de 1568, cuando gran parte de la población se ve obligada a abandonar la región, que más tarde se repuebla principalmente con familias procedentes de Galicia. Sin embargo, sin necesidad de extendernos hasta el siglo XVI, la población del emirato aumenta mucho desde la fundación del reino nazarí. Algunos autores estiman que llega a las 400.000 almas, lo cual no es una cifra muy descabellada. Ya hemos hablado de la población que Granada acoge como consecuencia del exilio de musulmanes de los territorios que Castilla va tomando. Hay diversidad de etnias que se extienden por sus cuatro puntos cardinales. Están los árabes, los bereberes, los genoveses (mercenarios) los esclavos cristianos o los judíos. Y, como no puede ser de otra manera, hay mozárabes (cristianos residentes en territorio musulmán) o, por el contrario, los musulmanes que viven en territorio cristiano, conocidos como mudéjares, elches o renegados.

El Darro se convierte en eje de la ciudad. A un lado tenemos la colina de la Sabika, que alberga la Alhambra (levantada en su mayor parte a partir del siglo XIII sobre un asentamiento anterior). Se trata de la ciudad palatina, con todas las edificaciones que se van haciendo necesarias en su entorno: palacios, viviendas para funcionarios, barrio castrense, residencia y sede del poder político y administrativo (en los Palacios Reales), mezquitas, escuelas, depósitos de armas, almacenes o caballerizas. Por otro lado están los arrabales de la Alcazaba Vieja, el del Albayzín, el barrio de Ajsaris (entre el Darro y la actual calle San Juan de los Reyes). Estas tres zonas, independientes del resto, tienen jueces y gobernadores propios. Abajo, ya a la orilla del Darro, se extiende el arrabal del Mauror, que en su día alberga la Garnata Al-Yahud (la Granada judía). Ya en la medina, lo que hoy es el centro de Granada, se ubica el barrio de al-Rambla, cuyo centro es la plaza de Bibarrambla. Es aquí donde se concentra la mayor parte de los edificios públicos y las actividades comerciales. Así, tenemos la Mezquita Mayor, la Madraza, el Maristán, la Alcaicería y las alhóndigas (como la Alhóndiga Nueva, conocida en el mundo cristiano como Corral del Carbón). Después de siglos de controversias y opiniones encontradas, hoy podemos afirmar, gracias a Manuel Gómez-Moreno, que Iliberri es en su momento un oppidum ibérico donde se asientan posteriores núcleos poblacionales romanos y medievales. Por todo ello podemos decir que es el primer asentamiento de la actual Granada. Sin embargo, Iliberri, junto a Garnatat Al-Yahud, forman posteriormente lo que se conoce como la Granada musulmana.

Antes de dar por terminado este capítulo habría que matizar que la ordenación interna de la ciudad nazarí responde tanto a principios generales de la ciudad medieval como a características particulares del mundo islámico. Las vías más importantes suelen comunicar con las puertas principales de las murallas, lo que permite una fácil localización de los principales edificios públicos y centros de actividad comercial. El resto es un entramado laberíntico de calles que da lugar a los adarves, muy diferente a lo que se conoce como manzana en el mundo cristiano. Todos los barrios tienen mezquita y baño público, elementos fundamentales en la vida urbana musulmana. Son muy importantes también en el reino nazarí, como en cualquier ciudad de Al-Andalus, los numerosos lugares de enterramientos, así como la red de acequias que distribuye el agua por los distintos núcleos poblacionales y permite el riego en el campo. La vivienda se organiza en torno a un patio rectangular con frentes porticados en sus lados menores y suele tener dos alturas y una alberca central.

Publicidad
Comentar este post
Publicidad