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Delirios de autor (el blog de Manuel Fernando Estévez Goytre)

Blog dedicado al autor Manuel Fernando Estévez Goytre y su obra

La inmigración nos mira de frente

Publicado en 3 Enero 2019 por deliriosdeautor Manuel Fernando Estévez Goytre

La inmigración nos mira de frente
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LA INMIGRACIÓN NOS MIRA DE FRENTE

Un artículo de Manuel Fernando Estévez Goytre

La inmigración es una cruel realidad que nos lleva golpeando desde el principio de los tiempos. Aunque la práctica del nomadismo podría considerarse su antecedente más claro, no es ese tipo de desplazamiento el tema que pretende alimentar estas líneas, sino el que desafortunadamente define el estado de miseria y abandono en que el hombre cae en momentos concretos de la historia. Apelando al principio de moralidad que se nos supone innato deberíamos entender la persecución de unas condiciones de vida de calidad como algo no solo lícito sino necesario en la mayor parte de los casos, una cuestión de auténtica supervivencia. Ante un drama de tal magnitud no podemos permanecer con los ojos cerrados.

Cuando esa búsqueda deja de ser individual y se eleva a colectiva estaríamos hablando de éxodo. A lo largo de la historia han existido multitud de etnias o colectivos (judíos, gitanos, musulmanes, subsaharianos, armenios, chinos o nativos americanos) en el punto de mira de los diferentes poderes que, al sentirse perseguidos, se han visto obligados a abandonar su lugar de origen. Incluso en la moderna Europa se han producido movimientos migratorios que no han tenido otro fin que la protección de los individuos y la búsqueda de un sustento vital para ellos. Por citar solo alguno destacaría el éxodo ocasionado por la Primera Guerra Mundial y la posterior reconstrucción del mapa europeo, el genocidio nazi de los años cuarenta o el producido en España como consecuencia de la Guerra Civil que la asoló entre 1936 y 1939.

Han sido innumerables las ocasiones en las que la comunidad internacional ha acudido a la voz de socorro de los más necesitados. Pero ahora, cuando esa necesidad no es presente sino pasada, tendemos a minimizar sin pudor el drama ocurrido tiempo atrás, la marcha, el exilio obligado, la búsqueda de un lugar mejor en el que nadie pisotee los derechos ni atente contra la vida de las personas, sea cual sea la causa. Nuestra memoria se relaja, el ego saca pecho y solo pensamos en mejorar nuestro tren de vida y añadir dígitos a nuestras cuentas corrientes, generalmente a costa de países empobrecidos por el consumismo voraz de occidente. No podemos obviar la explotación de menores en países como China, Indonesia o, sin ir más allá, en el cercano reino de Marruecos.

No existe excusa ante un hecho al que todos recurriríamos en caso de imperiosa necesidad. Y como parece que a la humanidad le cuesta rasgarse las vestiduras y echarse mano al bolsillo es precisamente lo que continúa ocurriendo en pleno siglo XXI, en un mundo de robots y drones donde parecía que el racismo empezaba a quedar atrás. Pero no es así. Desafortunadamente la xenofobia vuelve a afilar las hojas de sus cuchillos para llevarnos a un punto de no retorno donde a ciertas personas de mente estrecha y casi siempre de clase acomodada no se les puede hacer razonar hablándoles de guerra, persecución política, hambruna o, en definitiva, injusticia. Porque injusto es ser lapidada por adúltera o rechazada por negarse a la mutilación genital de una hija; porque injusto es ser torturado por ideas políticas o prácticas religiosas (el estado islámico asesina a inocentes por un lado y por otro se destapan miles de casos de abusos y violaciones a niños por parte de sacerdotes católicos); porque injusto es levantarte por la mañana sin saber dónde va a hacer explosión el siguiente misil; porque injusto es ignorar no solo si se va a comer el día de la fecha sino si se va a encontrar un poco de agua con la que saciar la sed.

Unos dicen que nos encontramos ante un problema de difícil o imposible solución si de inmediato no se desarrolla una ley que impida la acogida de esas personas de piel oscura que arriesgan sus vidas cruzando el charco; otros, en cambio, aseguran que todo tiene arreglo y que incluso es necesario que el nuestro, un país con una tasa de natalidad de las más bajas del planeta, reciba una cifra de inmigrantes capaz de sostener a medio plazo nuestro sistema de pensiones y en consecuencia el estado de bienestar; ese mismo grupo abogaría por la obligación de hacer frente a la situación sin abaratar la vida o los derechos de esos seres que ven en Europa su salvación. Porque en realidad es su única salvación. Les hemos robado durante siglos (la mayoría de las potencias europeas han tenido colonias extramuros del continente), los hemos esclavizado, los hemos torturado, hemos forzado a sus mujeres y los hemos sometido a sucesivas limpiezas étnicas. Y ahora los dejamos en la más absoluta de las miserias, con sus guerras, sus hambrunas y sus regímenes totalitarios. Así de fácil y así de complicado. Pero esa no es solución a una problemática que de dejarla en manos de ciertos gobiernos se irá agravando más y más. El cáncer crece y mata si no se detiene a tiempo. El problema, como vemos, es real y extremadamente serio. Europa se tiene que mojar. USA se tiene que mojar. Hasta los países de economía emergente se tienen que mojar. Porque el mundo occidental es, o debería ser, el principal implicado en solucionar un asunto que nos concierne a todos. No vale cerrar los ojos ante una crisis que, aunque algunos pretendan camuflar bajo las banderas de determinados estados, razas o religiones, tiene claramente su origen en el capitalismo salvaje que controla nuestras vidas desde hace décadas. No vale decir nosotros primero y los extranjeros después. No vale decir que se queden en los países de su entorno.

En efecto, la inmigración nos mira de frente, y precisamente ese es el motivo por el que deberíamos coger el toro por los cuernos y, justicia mediante, aprovechar la ocasión para recuperar esa pizca de humanidad necesaria para solidarizarnos con inmigrantes y refugiados y tenderles la mano amiga que necesitan.

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