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Delirios de autor (el blog de Manuel Fernando Estévez Goytre)

Blog dedicado al autor Manuel Fernando Estévez Goytre y su obra

Muhammad III (1302-1309) y Nazar (1309-1314)

Publicado en 8 Enero 2019 por deliriosdeautor Manuel Fernando Estévez Goytre

Muhammad III (1302-1309) y Nazar (1309-1314)
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Granada antigua y el reino nazarí

(Por Manuel Fernando Estévez Goytre)

XIII.- Muhammad III (1302-1309) y Nazar (1309-1314)

 

Muhammad III cuenta en un principio con el beneplácito de los granadinos. Se le reconoce como un rey culto, trabajador, poeta, gran orador y bondadoso. Si la primera tarea que se plantea al heredar el trono es el nombramiento de nuevos cargos, tales como visires, cadíes o secretarios, poco después se marca un objetivo fundamental para él y para el pueblo que gobierna: evitar las luchas y las divisiones de poder tan extendidas durante el reinado de su padre.

 

Influenciado en gran medida por los Combatientes de la Fe del norte de África, pronto toma la decisión de atacar Castilla. Arrasa Bedmar, de donde regresa victorioso, con un botín abundante y la captura de una bella mujer, doña María Jiménez, esposa de don Sancho Sánchez de Bedmar, que acaba ofreciendo al emir de los benimerines.

 

Como quiera que el walí de Guadix, Abul Hegiag ben Nasr, se niega a asistir a la ceremonia de coronación de Muhammad, el sultán granadino se lo toma a la tremenda y decide darle un escarmiento, derrotándolo en una sangrienta batalla. Pero poco después el rey nazarí recibe una embajada de Aragón a través de la cual Jaime II, temiendo una alianza entre Castilla y Granada, le propone una tregua de un año que Muhammad acepta sin vacilar. Por otro lado, con la paz firmada con los benimerines, solo le falta el apoyo real y efectivo de Castilla, así que, tras un tiempo de negociación, consigue tres años de tregua a cambio de someterse al vasallaje de Fernando El Emplazado.

 

Pero a Abu Jacob no le interesa el pacto de Muhammad con los castellanos y le devuelve el ejército de arqueros que el rey nazarí le proporcionara tiempo atrás. Le toca, pues, mover ficha al granadino, que dominado por el orgullo se fija un objetivo muy peligroso y casi nunca antes sucedido en Al-Andalus: hacer una incursión para tomar tierras africanas. Así las cosas, envía a un arráez a Ceuta con el objetivo de conseguir apoyo militar en la ciudad norteafricana, misión en la que la marina juega un papel primordial. Granada cuenta con una importante armada, cuyas bases principales están en Algeciras, Tarifa, Gibraltar, Estepona, Marbella, Málaga, Almuñécar o Almería, entre otros muchos puertos. El arráez consigue una holgada victoria en Ceuta y Muhammad es proclamado señor de la ciudad, nombrando sultán de Ceuta a un meriní simpatizante de los nazaríes. Con esto consigue frenar temporalmente la altanería y las conquistas del sultán benimerín en Al-Andalus. Pero como es de suponer que estos no van a permanecer mucho tiempo impasibles, atacan reiteradamente la ciudad, con lo que Muhammad propone firmar la paz destituyendo el rey que ha nombrado en Ceuta a cambio de conservar la plaza para el reino nazarí.

 

Con el botín conseguido en Ceuta, el sultán de Granada se dedica a levantar edificios públicos en la capital del reino. Construye la mezquita que hoy ocupa la iglesia de Santa María de la Alhambra, además de unos ostentosos baños en la actual calle del Agua del Albayzín y el pórtico conocido como El Partal, con su galería de cinco arcos.

 

Entre tanto, los benimerines pactan con Castilla y Aragón y forjan una alianza contra los nazaríes. Incluso el gobernador de Almería se levanta contra Muhammad con el propósito de proclamarse emir, si bien el rey granadino logra sofocar la rebelión y lo destierra.

 

Sin embargo, el emirato de Granada es atacado por varios flancos y para colmo de males Nazar, un hermano de Muhammad conocido por el apodo de Albugius, lo traiciona y se posiciona de lado del enemigo. Alentada por este, una multitud de personas pertenecientes a las clases más bajas se presenta en el palacio del visir, lo arrasa, lo desvalija y obliga al rey a abdicar a favor de su hermano, quien destierra al sultán al castillo de Almuñécar.

 

Los cristianos firman un tratado para repartirse Ceuta, a lo que el nuevo monarca responde enviando una embajada a Fez para conseguir un nuevo pacto con los benimerines. Pero el emir norteafricano niega alianzas con unos y con otro y su reacción inmediata es tomar la ciudad de Ceuta. Sin embargo, los cristianos se embarcan en una serie de batallas con el propósito de ir conquistando ciudades. Rodean Algeciras y toman Gibraltar, aunque conocen la hiel de la derrota frente a los granadinos en Estepona.

 

Pero Nazar, antes que ver sus plazas más importantes en manos cristianas, entrega Algeciras y Ronda al emir norteafricano. Sabe que en sus manos estarán bien defendidas y mantiene la esperanza de recuperarlas en un futuro no demasiado lejano a cambio de otras ciudades. Sin embargo, como Castilla ha perdido algunos de sus hombres más notables y su influencia está cayendo de manera irreversible, no tiene más remedio que ceder a Granada las poblaciones de Bedmar y Quesada, acompañadas de una buena cantidad de dinero y oro.

 

Nazar se traslada a la rambla de Almería y encuentra a los aragoneses a las puertas de la ciudad. Pero el nazarí, con la ayuda de su caballería y la de los gobernadores de las tahas más cercanas, consigue reducir y expulsar al ejército cristiano. El sultán, entonces, muy satisfecho con el resultado de la campaña, se toma un descanso para arreglar la Alhambra.

 

Sin embargo, se extiende un bulo por la ciudad de Granada: la muerte del rey Nazar, hecho que aprovecha el anterior sultán, Muhammad, para presentarse en Granada. Pero al llegar a la Alhambra tiene conocimiento de que su hermano continúa con vida y no tiene más remedio que regresar, encontrando la muerte poco tiempo después en Almuñécar.

 

Por otra parte, el visir de Granada, Muhammad ben Ali el Hagi, atraviesa una época de mucho desprestigio. Entre sus enemigos se cuenta Abu Walid Ismail, gobernador de Málaga, descendiente del primer rey nazarí, lo que lo sitúa como primo de Nazar y aspirante al trono desde hace tiempo. El malagueño parte hacia Granada, captando adeptos por las ciudades por las que pasa, pidiendo la cabeza del emir nazarí. Una vez en la capital del reino, muchos de sus habitantes, sobre todo del Albayzín, hartos de las malas artes del visir, pasan a engrosar las filas de Abu Walid Ismail. Como quiera que Nazar aún defiende a su visir, se ve obligado a refugiarse en la Alhambra, donde es cercado por los partidarios de su primo y obligado a retirarse a Guadix, donde se le concede el señorío de la comarca, falleciendo en 1322.

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