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Delirios de autor (el blog de Manuel Fernando Estévez Goytre)

Blog dedicado al autor Manuel Fernando Estévez Goytre y su obra

Prólogo de mi cosecha de la obra de Max Müller Un ario andalusí en Persia

Publicado en 26 Enero 2019 por deliriosdeautor Manuel Fernando Estévez Goytre

Prólogo de mi cosecha de la obra de Max Müller  Un ario andalusí en Persia
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Prólogo

La estancia en un país extraño, ya sea temporal o definitiva, suele ser complicada para el ser humano. Y si hablamos de un cambio de residencia que para más inri acaba siendo una constante en la vida de una persona, ese proceso de suma y sigue lógicamente se convierte en una dificultad añadida. Me estoy refiriendo, querido lector, a la trayectoria que traza el destino de Maxim, un individuo que se muestra tan fugaz en el tiempo como en el espacio. Existe un alto porcentaje de forasteros que tristemente no consigue culminar el proceso de adaptación por más tiempo transcurrido desde la llegada a la que se perfila, o debería perfilarse, como su tierra de acogida. Y puede ser por causas propias o ajenas, aunque lo más frecuente suele ser lo segundo. La historia que tenemos entre las manos, Un ario-andalusí en Persia, no trata exactamente este tema, si bien pueden intuirse (aunque el autor no lo afirma en ningún momento) claros indicios del mismo. Pero… ¿inadaptado en Persia? ¿Inadaptado en España? Ninguna de estas cuestiones sería cierta en su totalidad en esta historia, puesto que el protagonista absorbe elementos, ya culturales, ya familiares, que podrían echar por tierra tal afirmación. Maxim y su familia reúnen condiciones (sobre todo virtudes) para dejar claro al lector y en especial a sí mismo, que podría vivir en España, en Irán o en cualquier lugar del planeta que se propusiera sin apenas sufrir el síndrome del recién llegado, tal es su experiencia y su forma de desenvolverse en lugares tan lejanos como hostiles. Léase, a modo de ejemplo, la parte dedicada a su paso por Marruecos o la forma de actuar a su llegada a tierras iraníes.
 Un ario-andalusí en Persia es la narración en clave autobiográfica de un superviviente que desde su más tierna infancia se ve abocado a procurarse un destino para no caer en el vacío, en la depresión. El libro trata de la vida de un chico que con cuatro años se traslada a vivir a Aitana, una sierra de la provincia de Alicante, donde lleva con su familia una vida un tanto hippie. Ya en el primer capítulo se refleja la importancia de la estabilidad tanto en la vida familiar como personal.
 Cuando aún es un niño su madre se interesa por el Islam y la familia se muda a Granada, traslado que comienza a confirmar el carácter itinerante que le acompañará hasta las últimas páginas del libro. En esa etapa ya muestra una confusión que quizá en un chico de su edad con una vida más calmada no llegue a apreciarse. No acaba de entender el porqué de tanto viaje, tanta ida y venida. Sin embargo, pronto se da cuenta de que son tiempos de cambio para su familia. Prueba de ello es la adopción de un nuevo nombre (pasa a llamarse Jaled), de una nueva forma de vida y la búsqueda de un nuevo lugar donde fijar su residencia.
 Y como el propio autor afirma, hay sitios donde espabilas o te espabilan, como sucede en Marruecos, donde la pobreza y la miseria campan a sus anchas. Así lo demuestra el relato que Maxim nos ofrece sobre el país norteafricano, diciéndonos que se dedica a alquilar la bicicleta a otros niños (hecho que aunque no esté impregnado de tintes dramáticos podría considerarse una primera prueba de supervivencia para alguien de su edad), hasta que se la acaban robando (segunda prueba, esta vez para los autores del hurto). La tercera podría ser el ingenio al que necesariamente tiene que recurrir el ciudadano de a pie para sintonizar emisoras de algún país vecino, por citar solo alguna de las que han conseguido captar mi atención. Pero eso es harina de otro costal que pertenece a la etapa iraní.
 La llamada de la adolescencia, como en cualquier hijo de vecino, marca un antes y un después en su vida, en su mente y en su cuerpo. Corre el año 1989 y el autor no pasa por alto la caída del muro de Berlín como uno de los acontecimientos más importantes del año, de la década y puede que del siglo XX. Pero también es el año de la muerte del Ayatolá Jomeini y, a nivel personal, la fecha en la que Maxim se traslada a Collado Villalba, se convierte en un pillo y empieza a sentir cosquilleos en el estómago por una chica.
 No acaba 1989 cuando Qom, una ciudad a ciento sesenta y cinco kilómetros de Teherán, parece hacer un guiño a su familia. Y con este viaje llega el miedo, la incertidumbre y el sufrimiento. Un mundo completamente desconocido para ellos. Y así de incierta podría tildarse la vida anterior del protagonista, ahora asciende un grado en el escalafón de la negatividad y se eleva a un estado de supervivencia pura y dura. Nada que ver la etapa española con la que lleva en Irán.
 La primera vuelta a España se produce en 1992, un regreso que le hace sentirse extraño entre extraños. Pero como hemos dejado claro el marcado carácter itinerante de su vida y parece ser que nada es para siempre, no tarda en llegar una nueva etapa en Persia. La descripción de la vida y las costumbres iraníes es la perla, a mi humilde parecer, de la historia que se relata en este libro. Habla de la doneshgó (universidad), la shahria (mensualidad), del Qoran, del color del turbante para cada clase social, del taarof (costumbre de no querer cobrar en una tienda, aunque al final se acaba pagando), del razmova’rón (arte marcial iraní), de los españoles convertidos al Islam o del desierto y su clima; pero habla, sobre todo, de humildad, de religión, de política y de sociedad, siempre dejando patente el vacío de la vida en un país lleno de imposiciones donde el deporte o la llegada de una carta son los únicos hechos capaces de mantener vivo a un forastero.
 Cambiando de tercio, los capítulos son cortos y directos. Impregnados de altas dosis de originalidad, cada uno de ellos está dotado de personalidad propia. El autor va al grano (la mejor forma de que un libro de estas características no aburra ni decaiga), no se entretiene en descripciones reservadas a otros géneros literarios y, según los patrones de la literatura actual, a otras épocas.
 En la narración aparecen personajes como Jafar, Nuru, Santocono (estudiante italiano), Golán (chico de Cachemira), Shoja Ali Mira, Savim o Ali Kasemí (hijo del tendero), entre otros.
 Para acabar estos apuntes podría decirse que Un ario-andalusí en Persia es un híbrido entre un libro de viajes y una autobiografía familiar en la que el autor pretende dejar clara su posición respecto a la vida en países (siempre en nuestros días) que no tienen demasiado en común. Un relato que trata de resolver conflictos entre mundos opuestos y, por qué no, volvernos un poco más humanos.

Alicante, noviembre de 2018
Manuel Fernando Estévez Goytre

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