Si el Dios que nos presentaron cuando pusimos un pie en este mundo no se mirara tanto el ombligo, dejara de exigirnos que lo adoremos y lo idolatremos a través de su ejército de ministros y se ocupara un poco más y mejor de nosotros, las iglesias, las consultas de los psiquiatras y sobre todo las cárceles estarían más vacías y la especie humana respiraría un aroma más "humano". ¡Cuánto daño nos ha hecho el maldito fruto prohibido a través de los siglos!
Si el Dios que nos presentaron cuando pusimos un pie en este mundo no se mirara tanto el ombligo, dejara de exigirnos que lo adoremos y lo idolatremos a través de su ejército de ministros y se ocupara un poco más y mejor de nosotros, las iglesias, las consultas de los psiquiatras y sobre todo las cárceles estarían más vacías y la especie humana respiraría un aroma más "humano". ¡Cuánto daño nos ha hecho el maldito fruto prohibido a través de los siglos!
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